(CUENTO)
Caminaban por un pasillo del monasterio
discípulo y maestro. El pupilo repetía las lecciones recibidas al maestro que
escuchaba atento. De repente el joven vio una araña que frente a sus pies
cruzaba rápida y de inmediato intento pisarla, pero el anciano anticipando sus
intenciones le advirtió: “¡No, deja que yo lo haga!”. El anciano levantó un pie
y la araña cruzó ilesa para desaparecer
en el interior de una pequeña grieta.
--- Discúlpeme Maestro, entendí mi mala
conducta --- dijo el alumno sintiéndose avergonzado --- debemos aprender a
perdonar la vida.
--- No, yo no he perdonado nada.
--- ¿Cómo así Maestro? --- exclamó ahora
confundido el joven --- Usted acaba de perdonarle la vida a esa araña.
--- Uno perdona cuando primero le han
hecho daño, la araña no me ha lastimado por ende no la he perdonado,
simplemente la he respetado, así como
los dioses nos respetan pudiendo borrarnos con el pie.






