(CUADERNO PERSONAL)
En
el 2010 di inicio a un blog cuya finalidad consistía en publicar textos
humorísticos para dar rienda suelta al columnista de humor que soñaba ser, y
que admitió por fin, que ningún medio impreso serio lo contraría. Decidí llamarlo
“¿Por qué carajos?”, como mi primer show de Stand Up. Al principio demostré
cierta disciplina en la escritura del mismo, pero conforme mis
responsabilidades profesionales y familiares fueron en aumento, ocurrió lo
opuesto con la periodicidad en que escribía para este espacio, pues
admitámoslo, no muchos pueden darse el lujo de decir que obtienen beneficio
económico por la actividad bloguera; este suele ser un ejercicio movido más por
la pasión y el virus de la escritura del que algunos nos rehusamos a curarnos.
¿Por
qué textos de humor? Por la razón obvia: amo escribir en dicho tono. Pero una
segunda razón oculta acechaba desde las sombras: simplemente era lo que la
gente esperaba de mí. Al comediante se le estigmatiza, la gente siempre aguarda
un chiste por parte nuestra, algún chascarrillo, incluso en la más cotidiana de
las labores, pensé por ello en satisfacer a mis seguidores olvidando en el
proceso satisfacerme a mí. No es que no disfrute escribir con humor, a decir
verdad lo amo, pero la vastedad de cuanto soy como persona me lleva a desear
escribir también cosas ajenas a la risa. Mi amor por las letras se remonta a la
niñez, cuando a temprana edad desarrollé el gusto por escribir poemas; luego
llegaron los cuentos, los ensayos y demás figuras literarias que consumían las
horas de lectura nocturna en mi adolescencia y juventud, pues créanlo o no, mis
primeras pretensiones artísticas, tanto escritas como actorales, poco o nada
tenían que ver con el oficio de arrancar carcajadas al prójimo.
Poco
ha cambiado desde entonces: sigo sin ser un gran escritor, los blogs siguen sin
representar dinero para sus autores, los lectores se encuentran en vía de
extinción como los osos panda, mis ocupaciones laborales y profesionales me demandan
incluso más tiempo que antes, pero deseo revivir el blog. No sé con qué frecuencia
postearé ni sé con qué finalidad lo haré, sólo sé que no escucharé a los
expertos que afirman: “Un blog debe tratar sobre un solo tema para cultivar una
audiencia”. Por supuesto que el humor seguirá presente, pero ignoro si espantaré
al escaso público que pudiera tener, pues desde ahora mi tema será tan variado como
las emociones de cualquier ser humano, el tema concreto será, como dirían los
argentinos: “¡Lo que me salga de los huevos!”.
Debo
mencionar que recientemente en mi página de Facebook formulé a mis seguidores
la pregunta de si estarían dispuestos a leer de mí cosas no cómicas (aclarando
que quizá igual les cause gracia mi intento por escribir con seriedad) y me
sorprendió la abrumadora respuesta afirmativa, además de mensajes con muy
bonitas reflexiones invitándome a hacerlo. Sé que muchos estaban siendo amables
y realmente jamás me leerán, pero creo que una minoría se aventurará conmigo en
esta nueva etapa, y como toda minoría, son sumamente importantes. A ustedes
muchas gracias, porque me dieron el empujoncito para entender que este blog no
debió llamarse “¿Por qué carajos?”, sino: “¿Y por qué carajos no?”.






