martes, 13 de julio de 2021

MÁS QUE UN AMOR PLATÓNICO

                                                                 (CUENTO)

Sus allegados criticaban lo que, desde su punto de vista, era una enfermiza fijación por aquella mujer, incluso él mismo muy en el fondo lo admitía, un poco con rabia un poco con pena, la sabía más que un amor platónico. Oh, si Platón supiera en lo que se metía cuando dio inicio a su filosofía, no tenía idea de cuántos ingenuos se apegarían a ella interpretándola a su antojo para defender el hecho de contemplar por horas un retrato como si la mujer en él fuese a cobrar vida repentina y agradecer con besos la devoción recibida; como si la sonrisa que unos labios dibujan en la fotografía no fuese la simple expresión facial con que se mira al lente fotográfico justo antes de ser disparado y sí en cambio la sonrisa coqueta que al hombre dirige la mujer en espera de ser pretendida. Y es justamente ésta segunda la que ve un adolescente ingenuo como el que nos es motivo de relato, sin importarle el hecho de que tal sonrisa sea la misma que una modelo exhiba en todos los calendarios que de ella impriman.

Aún consciente de ello las burlas le pasaban inadvertidas. Para él su amor era un hecho real y no la quimera que decían, la sentía tan cercana como los emocionados latidos que su foto le producían. Para sus compañeros sin embargo lo extraño no era la fijación misma como sí en cambio la mujer que la producía. Podrían entenderlo si aquella fuese una Nicole Kidman, varios de ellos por supuesto tenían afiches de famosas divas, uno en especial tenía completamente empapeladas las paredes de su cuarto con los atributos físicos de Shakira; otro menos ortodoxo disfrutaba la imagen impresa de estrellas porno como Kendra Lust y Mia Khalifa. La obsesión generada por éstas mujeres les parecía comprensiva, pero en cambio ella, por la que su amigo suspiraba era vista como un desquicio, una completa extraña, muy bella por supuesto, su amigo tenía buen gusto cuando menos, pero absolutamente nadie la conocía. No la recordaban de película alguna, no era cantante, por lo menos no una reconocida, tampoco la modelo portada de revistas, ni siquiera alcanzaba a ser de esas mujeres que gracias a un Reallity abrazan la fama efímera. Para el mundo que ya de por sí absurdo es, el absurdo radica allí, no en la fascinación por una mujer imposible sino en una desconocida, como si el hecho de que absolutamente todos conozcan su nombre a cientos de kilómetros de distancia la hicieran más alcanzable que una vecina de la que nadie sabe nada. ¿De dónde provenía aquella mujer misteriosa cuya imagen se encargaba de fecundar el corazón de su amigo con fantasías? El único dato es que apareció de repente y por equivocación entre las fotos que mandaran a revelar luego de una excursión.

El establecimiento no supo dar razón del por qué entre sus fotos, las cuales lo mostraban a él en compañía de sus amigos entregados a inmaduras travesuras, aparecieron también la de una mujer que ninguno de ellos conocía. De todas maneras, no era esa la respuesta que quería, lo que buscaba era a la dueña de ese rostro en el retrato. Por algún tiempo aguardó con paciencia sentado en aquel estudio fotográfico a la espera de verla aparecer preguntando por su recuerdo extraviado, pero tras días desperdiciados en vano comprendió que no lo haría. ¿Para qué iba ella a necesitar la foto si tenía su belleza a la distancia escasa de un espejo?

Sus amigos sentían su cordura ya perdida, sobre todo cuando empecinado en defenderla como un amor platónico tan valido como Nicole Kidman y Kendra Lust podían serlo, juraba reconocerla, afirmaba sin la más mínima duda que ella era una gran actriz con no pocas producciones sumadas a su trayectoria; se daba media vuelta y marchaba diciendo en sus adentros: “Qué saben del amor aquellos, cómo hacer comprender a un perro que su hembra no es sólo deseable estando en celo. De absolutamente nada me serviría explicarles que es la mejor actriz del mundo, aunque quizá también la menos reconocida, pero yo que soy su más devoto admirador no me he perdido una sola de sus obras, he sido espectador atento en cada uno de sus estrenos y conmovido siempre por su magistral interpretación. Ella es la mejor actriz del mundo, la he visto protagonizando todos y cada uno de mis sueños”.

29 comentarios:

  1. Que buen cuento conecta hasta el final y que final ...genial

    ResponderEliminar
  2. Precioso cuento, me encanta tu escritura y que la compartas con tus 4 gatos ��

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Mafe, qué bonito ver llegar acá a los 4 gatos!!

      Eliminar
  3. Exelente cuento,¡me encantó!

    ResponderEliminar
  4. Gracias, que cuento tan lindo, otra faceta hermosa que tienes. Escribes genial. Saludos de una de tus 4 🐱🐱🐱🐱😘

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mil gracias por ser cómplice de esta otra faceta mía.

      Eliminar
  5. Esta super lindo, te atrapa al empezar al leerlo, sigue escribiendo por favor!! ❤️

    ResponderEliminar
  6. Ya se que voy hacer en mis tiempos de despache, gracias porque volviste con toda 😻😻😻😻

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa es la actitud!!! Mil gracias. Aquí en el blog hay algunos escritos que quizá puedan gustarte, y estaré más activo.

      Eliminar
  7. Me encantó muchísimo porque desde que empiezas a leer, no te detienes hasta el final y los pequeños giros que das en la trama me fascinaron. Ya quiero leer más... te felicito!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, por aquí estaré compartiéndoles más.

      Eliminar
  8. Contigo jamas se pierde el tiempo al leer, que talento! de principio a fin me encantó.

    ResponderEliminar
  9. Que buen cuento, muy buen desenlace lo engancha hasta el final.

    ResponderEliminar
  10. 🤩👏👏👏👏 muy bueno y el final mejor!!!

    ResponderEliminar
  11. Gracias Iván, buena forma de cerrar mi día.

    ResponderEliminar
  12. Tienes demasiado talento, gracias por compartirlo

    ResponderEliminar
  13. No sé di era tu intención, pero me hizo reir el final. Tal vez, porque recordè cuando de adolescente también soñaba con algún que otro amor platónico.

    ResponderEliminar

Aunque el cliente no siempre tiene la razón, por favor opine: