lunes, 18 de mayo de 2020

EL UMBRAL

                                                              (CUENTO)


Sus ojos intentaron adaptarse a la oscuridad, estaba tan solo como aterrado, quién advertiría su ausencia a tiempo, y de hacerlo, qué más daría otra víctima de la violencia enferma. Las paredes del lugar, llenas de sangre invocaban más, parecían cobrar vida para lanzarse sobre él, su respiración se agitaba tan sólo ante la idea, la fragilidad humana era puesta en evidencia. Ignoraba cuánto tiempo llevaba allí, pero aún en contra de su fe, cierto presentimiento le dictaba algo, sus minutos ya estaban contados. No podía precisar la cantidad de hombres dispuestos a hacerle daño, poco importaba si era uno o acaso varios, en dichas condiciones defenderse era tan ridículo como esperar que el becerro dé muerte al carnicero. Sentía los brazos pesados, no respondían sus piernas, y en general todo su organismo dibujaba laconismo; le era imposible no verse a sí mismo como un simple amasijo de tendones, el capricho de unos músculos desvalidos. Se sabía abandonado a su suerte, no la del destino y sus designios, sino a la suerte decidida para él por quien en breve tendría en frente.

Intentó evocar bellos recuerdos, pero sólo uno se presentó a su mente inquieta, solo tuvo memoria para ella, su madre, esa mujer a la que jamás dedicó un “Te amo”, y lamentó ese silencio que entre ellos dos parecía pactado. Intentó pensar en alguien más, otra persona  de las muchas a las que su amor nunca había expresado, pero era tal el miedo de la inminente tortura que sus pensamientos se volcaban hacia una posible fuga. La salvación se traducía en imposible; disminuido en sus fuerzas, completamente desnudo y sin saber en dónde, con solo una salida, la misma que su asesino utilizaría, la idea de sobrevivir era una locura, pero en instantes que la violenta muerte golpea a nuestra puerta la locura es bienvenida y con suma deferencia es atendida.

Sumido en la angustia pensó en gritar con desespero, pero la razón volvió a su cuerpo, ellos sabían de antemano lo que le harían, no llevarían a cabo tal sadismo  en un lugar donde se escucharan los gritos del herido. Y consiente de ello se hizo un juramento dispuesto a no romperlo, sin importar cuanto dolor le infringieran, jamás gritaría o maldeciría, si lo hiciera le habrían vencido en su alma, aquel lugar bendito. Podían privarlo uno a uno de sus miembros, podían arrebatarle hasta el ultimo aliento, pero necesitarían mucho más que abominaciones inquisidoras para quitarle su valor, su coraje de guerrero.

Absorto en aquel propósito se vio interrumpido por el momento fatídico, un rayo de luz emergió de pronto hiriendo sus también mal trechos ojos. Allí estaba el verdugo que ocultaba el rostro tras la máscara. Prefirió no mirarlo por temor a revelar el sentimiento que lo invadía, el terror de abandonar así la vida. También huyó con su mirada hacia el mundo de ilusiones que en su mente recreaba. Para qué mirar el arma si en segundos él y ella serían uno, cuando le penetrara en las entrañas llevándose lo más valioso que poseía.

Sintió deseos de llorar, pero de inmediato se lo prohibió, una sola lágrima derramada tendría el eco de una sonrisa en el rostro del emisario oscuro. La voz habló, mas él la ignoró, para qué conocer las palabras vacías que no dicen nada. Quiso interpretar una melodía en su cabeza, algo alegre distinto al tétrico sonido de los huesos desprendidos, un réquiem en su honor con el que expresaría a los ángeles el amor que siempre tuvo por la vida. Tan sólo llevaba cuatro notas de la pieza cuando sintió estremecer sus piernas, el infierno sobre su cuerpo se desataba.

Describir con palabras tal tormento es labor insulsa, y en caso de poderlo sería un pecado hacerlo. El arma desconocida le privaba de sus piernas, en sus oídos rechinaba el ruido de la carne que se aferra, la voz del cuerpo que se niega a dejar de ser mientras un grito imperceptible para el humano retumba en el infinito, donde solo las almas son testigo. Apretando los labios se despide de sus piernas, el llanto en su silencio no es tanto de perderlas como de saber que sus pasos ya no le guiaran a casa luego del trabajo, ya no podrá dirigirse a sus hijos y abrazarlos. Y en medio del dolor que sólo los mártires tienen derecho a comentar, se eleva hasta lo más alto de su alma la promesa, el verdugo no escucha de su víctima una sola queja.

Se despide de su sangre que fluye ahora a raudales, siente cada gota que lo abandona. Una punzada luego en el pecho, el calvario va en aumento. Algo frío como el metal entra en su cuerpo y algo cálido como la vida está de salida. Se abandona a su tragedia y con las fuerzas que le restan ve pasar en un segundo frente a sus ojos, no las cosas que hizo como la película que se rebobina, sino las cosas que juro algún día haría. Le pide a Dios la oportunidad de no fallarle, es muy pronto para marcharse, antes de ver apagada la luz de su existencia le ruega a Dios clemencia, no es demasiado tarde para salvarle, quiere seguir viviendo, aunque ya sin brazos y sin piernas, una sola oportunidad le basta para demostrar que la vida es bella cuando se quiere hacer tal de ella. Quizá en el más allá la oportunidad le sea concedida, aquí en cambio, el aborto había terminado

18 comentarios:

  1. Soy uno de tus 4 gatos 😿... quede aterrada con este relato...mas aun con su final😪

    ResponderEliminar
  2. Mi comentario anterior no quedo con mi usuario... soy uno de tus 4 gatos �� ... quede aterrada con este relato ... más aun con su final��

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por leerme, disculpa si el sentimiento que te produjo pudo ser más impactante o inesperado de lo habitual.

      Eliminar
  3. Por varias circunstancias de mi vida, soy una de las que, a pesar de respetar y dado el caso, hasta acompañar a alguien cercano que quiera hacerlo, yo soy de las que digo NO al tema de este relato. Por demás está decir que, ¡Qué buen relato!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario. El relato no pretender juzgar a nadie. Como narrador de historias solo me ubico en el lugar del personaje y le acompaño en el viaje hacia donde busco llegar con la historia.

      Eliminar
  4. Que buena historia y deja mucho q pensar y ese final brutal. Te felicito por todo lo q haces y te deseo muchos éxitos en tu vida. Q Dios te bendiga y a tu familia

    ResponderEliminar
  5. Excelente me gusta como entrelazas cada palabra y a la vez dejas que pensar gracias por compartirlo 😉

    ResponderEliminar
  6. Uyyyy no....soy una de tus 🐱 y la verdad no me imaginaba ese final...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un abrazo Nanny, gracias por acompañarme en esta aventura literaria.

      Eliminar
  7. Impactante relato, sobretodo, nunca imaginé el final.

    Tu anónima gata #9

    ResponderEliminar
  8. Waooo, estaba pensando que terminariamos sin saber ¿por qué había llegado alli? ¿Dónde estaba? Fuerte, pero lleno de sentimiento de realidad. Si pudiera hablar desde la barriga podría decir esto!

    ResponderEliminar
  9. Me gustó muchísimo Ivan, es un texto muy intenso y el final...sin palabras. Disfruté mucho leyéndolo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por ser cómplice de esta faceta mía Alejandro.

      Eliminar
  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  11. "Quizá en el más allá la oportunidad le sea concedida, aquí en cambio, el aborto había terminado"😭😕🌷

    ResponderEliminar

Aunque el cliente no siempre tiene la razón, por favor opine: