viernes, 28 de octubre de 2022

INCOMPLETO

                                                            (CUENTO)


Aquel día despertó a las seis como es usual. El sol seguía allí, también el cielo, y aparentemente no tenían pensado irse. Recorrió su estancia con la mirada, las cobijas en la cama, el reloj en la pared, su libro de Bécquer junto a la lampara, el corazón en su pecho, cada cosa en su lugar, todo en orden, y la vida, a continuar.
 
Se dirigió a la ducha mientras pensaba en lo absurdo de su miedo, llegó a pensar que sin ella nada sería igual, envuelto por un temor infantil incluso soñó que al despertar la extrañaría tanto como para renunciar a respirar. Muchos le decían que el amor perfecto llega sólo una vez en la vida, y si se va, la vida parte haciéndole compañía. Pero era un nuevo día y ya lo sabía, nada cambiaría.
 
El agua caía sobre su cuerpo mientras se empeñaba en buscar de ella alguna huella, un solo daño de su ausencia. La cama parecía más grande, es verdad, cuando compartían el lecho el sentimiento de felicidad los hacia tan inmensos que la habitación se reducía al tamaño de un cenicero. Pero ahora, la cama era tan grande que durante la noche se sintió como el pez que tras vivir años en su pecera sale a mar abierto. Nada más había cambiado excepto aquello.
 
Salió del baño y empezó a vestirse. Ella seguía allí y lo miraba con dulzura, lo hacía desde el retrato que sobre la mesa de noche reposaba, él hacía el nudo a su corbata mientras le decía cuanto la amaba, la foto sonrió y guiñó un ojo, nada había cambiado. Volvió al baño para peinarse y sólo entonces se miró de frente. Su pelo hasta hace unas horas abundante era ahora escaso. De pronto su pie derecho presentó una comezón, se quitó el zapato y después la media tan sólo para encontrar que un dedo suyo ya no estaba. Condujo de nuevo la mirada hacía el espejo, ahora faltaban sus labios y ojo derecho. No era infundado el miedo, el negro vaticinio se hacía cierto, ella de verdad no volvería, él estaba incompleto.


miércoles, 19 de octubre de 2022

EL SECUESTRO DEL AMOR

                                                                 (CUENTO)



Él estaba desesperado por encontrarla, llevaba ya muchos años de buscarla infructuosamente, había realizado todo tipo de planes esperando dar con el paradero de su amada. La había buscado en relaciones que fueron efímeras en su afán de ser eternas, la había buscado en el platonismo sugerido por sus deseos íntimos, la había buscado, sobre todo, en las historias mismas que hacían cierto el mito.
 
Un día ya cansado de aquella penosa búsqueda tomo una decisión inusitada, motivado por el desespero que lo consumía secuestró al Amor, lo llevó a un paraje solitario y allí lo amarró. Comenzó a interrogarlo por el paradero de su amada. El Amor aseguró ignorarlo, pero él no le creyó y comenzó a golpearlo, estaba decidido a arrancarle una confesión, pero el secuestrado juraba no saberlo e intentaba explicarle que el Amor no sabe dónde está quien hace tanta falta, el Amor sólo conoce el sitio exacto donde se encuentra quien tanto ama, no su complemento.
 
Pero la desesperación en que se encontraba lo hizo no prestar atención a las respuestas de su prisionero, por eso sin dejar de torturarlo aún le preguntaba, y ocurrió irremediablemente que el amor murió ante el dolor infringido. Solo entonces aquel hombre comprendió que, ocurre muchas veces que es nuestro ciego deseo de amar a alguien, el que mata cualquier posibilidad de encontrarle.

jueves, 13 de octubre de 2022

EL RESPETO

                                                 (CUENTO)


Caminaban por un pasillo del monasterio discípulo y maestro. El pupilo repetía las lecciones recibidas al maestro que escuchaba atento. De repente el joven vio una araña que frente a sus pies cruzaba rápida y de inmediato intento pisarla, pero el anciano anticipando sus intenciones le advirtió: “¡No, deja que yo lo haga!”. El anciano levantó un pie y la araña cruzó ilesa para desaparecer  en el interior de una pequeña grieta.

 

--- Discúlpeme Maestro, entendí mi mala conducta --- dijo el alumno sintiéndose avergonzado --- debemos aprender a perdonar la vida.

--- No, yo no he perdonado nada.

--- ¿Cómo así Maestro? --- exclamó ahora confundido el joven --- Usted acaba de perdonarle la vida a esa araña.

--- Uno perdona cuando primero le han hecho daño, la araña no me ha lastimado por ende no la he perdonado, simplemente la he respetado,  así como los dioses nos respetan pudiendo borrarnos con el pie.

 


miércoles, 5 de octubre de 2022

EL MANIQUI

                                                           (CUENTO)


Él era un maniquí, y como todo maniquí, carecía de nombre, a la gente poco le importaba cómo se llamara, tan sólo prestan importancia al cómo se vistiera, y en todos los años que llevaba ejerciendo aquella profesión había lucido todo tipo de atuendos, los suficientes para haber aprendido que la apariencia no hace mayor diferencia cuando de encontrar el amor se trata. Para él no existía diferencia alguna entre los de su especie y los humanos, unos y otros sólo ven la marca de ropa que se lleva puesta sin importar que en el interior no se lleve nada.

Pero él se sabía distinto y ya estaba harto de aquella soledad, por eso un día cuando el almacén estuvo cerrado fijó su atención en una maniquí que recién había llegado, aún estaba en su caja y él tomó la decisión de armarla. Descendió del lugar en que lo exhibían y destapó la caja que la contenía, era la primera vez que hacía aquello, pero pensó que no debía ser muy difícil, simplemente empatar las piezas y listo, estaría hecho.

Se encontraba en aquel proceso cuando advirtió algo, no le gustaba la apariencia que estaba adquiriendo, empezaba a lucir exactamente igual que las demás, él quería una maniquí distinta y por ende así la haría. Estaba cansado de las apariencias convencionales, todas esas maniquíes glamurosas con sus perfectas formas, atentas siempre a que el maniquí varón vistiese Versace o Armani. Por eso empezó a unir piezas en donde no encajaban, aunque tuviera que aplicar un poco más de fuerza.

Finalmente, tras varias horas de titánica labor, su pareja estaba hecha, pero justo en aquel momento llegaban los dueños de la tienda, tuvo que darse prisa y ubicarse de nuevo en su lugar. En cuanto los propietarios entraron vieron a la nueva maniquí y sin dudarlo expresaron su rechazo, era una maniquí muy fea, además de averiada, debido a que ciertas piezas fueron encajadas donde no debían, sus brazos puestos en el lugar de las piernas y viceversa. Llamaron entonces al almacén que los dotó de ella y pidieron un cambio, en cuanto llegaron con la nueva maniquí ya armada admitieron que aquello era un suceso extraño, ubicaron en su lugar a la modelo nueva y a la distinta la botaron.

Mientras ocurría el maniquí muy triste se esforzaba por mantener la sonrisa que debe lucir quien se exhibe en la vitrina, en tanto lloraba silenciosamente comprendía la gravedad de su error, ese tipo de cosas ocurren cuando queremos que nuestra pareja sea exactamente como lo dicta el capricho de nuestros deseos.