martes, 14 de mayo de 2019

AHORA ME FALTA EL ÁRBOL


                                                            (CUADERNO PERSONAL)                                           


El poeta y pensador José Martí escribió la famosa frase, “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Yo le hice caso, pero como todo en mi vida, empecé en desorden. Primero tuve el hijo, dos hijos para ser exacto. Acabo de publicar mi primer libro, ahora me falta el árbol. Pero centrémonos por esta oportunidad en la historia del libro, la de los hijos la cuento luego, y la del árbol cuando por fin lo plante.

Escribir un libro fue el primero de mis sueños siendo niño. Otros infantes sueñan con ir a la luna, con conocer a Mickey, con que su papá los reconozca, etc. Pero el primer sueño que recuerdo haber tenido, tal como lo leen, fue escribir un libro. A continuación, los pondré en contexto de por qué un anhelo nerdo a tan temprana edad.

Primero que todo, recordemos que pertenezco una generación en la que no existía Netflix, es más, no había ni siquiera televisión por cable, o sí existía, pero en mi casa no teníamos cómo pagarla. Es decir, en semana yo contaba con señal televisiva apenas desde las 4 de la tarde, y era televisión educativa, ¡tómalo, directo en la arteria de la diversión!

Segundo, mi abuelita era bastante sobreprotectora, entonces yo no podía salir mucho que digamos. Y tercero, en mi casa los libros siempre fueron artículos de primera necesidad. Mi papá estaba suscrito a una editorial llamada El Círculo de lectores, por lo que mes a mes recibíamos, sí o sí, un libro nuevo, eso sin contar todos los que él compraba de más. Para mí la biblioteca nunca fue ese mundo hasta el que mis compañeros tenían que desplazarse para poder hacer las investigaciones del colegio. Ellos debían destinar una tarde para ir a la biblioteca Luis Ángel Arango, yo tan solo miraba en los múltiples estantes de la casa y hallaba el dato requerido. Las enciclopedias por tomos de la A, a la Z, fueron mi primer google.

El no tener toda la distracción televisiva de hoy en día, fue suplido por los mundos mágicos a los que podía viajar de la mano de Julio Verne, Emilio Salgari, Jairo Anibal Niño, y muchos más, quizá por ello desde que aprendí a leer a los 5 años, libros y cómics se convirtieron en mis grandes amigos de juegos, y fue desde aquel entonces cuando empecé soñar con ver mi nombre en la portada de uno de ellos.

Tendría ya ocho años cuando llenaba cuaderno con palabras ordenadas en lo que yo consideraba poemas, y mientras escribía uno de ellos, prometí a mi abuelita que algún día escribiría un libro de cuentos. Le dije de cuentos porque era lo que más leía en aquel entonces.

Al llegar la adolescencia me puse manos a la obra en pos del sueño. Me presentaba a concursos literarios convocados por diversas entidades y casas culturales. Escribía cuentos, poemas, ensayos, incluso experimenté la novela breve. Una y otra vez lo intenté, escribir cosas para festivales en los que jamás obtuve ni una mención de honor. Persistí y persistí, pero lo único superior a mi terquedad, fue el rechazo. Y aunque jamás lograba reconocimiento alguno, escribir era tan innato y necesario en mí, que jamás consideré dejar de hacerlo.

Con los años tuve la oportunidad de incursionar escribiendo, por fin con éxito, pero en un escenario completamente inusual, el humorístico. Allí sí que me sonó la flauta, a tal nivel que empecé a ganarme la vida con ello y la aspiración literaria “seria” fue quedando relegada. Me dediqué exclusivamente a ser el comediante que quizá ustedes conozcan.

Tres décadas después de haberle prometido a mi abuelita que escribiría un libro de cuentos, la vida me presentó la oportunidad de cumplirle. Confieso que, si bien ésta ilusión seguía latente en algún rinconcito de mi alma, no había vuelto a considerarlo como algo real, por eso al tener la oportunidad no lo pensé dos veces, y hoy, meses después de una historia que habré de contarles en otra oportunidad, mi libro es una realidad, una bella realidad que me llevó a presentarlo en la pasada Feria del libro en Bogotá.

Este texto puede parecer superfluo pues no detallo a profundidad nada acerca del proceso en su escritura, pero no era ese mi interés. Tan sólo quería compartirles algo que muy posiblemente no sabían de mí, y hablando en términos cinematográficos hacer de éste breve escrito un tráiler para que se interesen en buscar el largometraje, un libro llamado “Cuentos que ni pa qué le cuento”. Se supone está en las principales librerías del país, fue editado por Intermedio Editores, sello que comparte casa con Círculo de lectores, porque la vida es así de bella, estoy vinculado a la editorial que mes a mes nutría mi hogar con sus libros, hoy quizá puede que en alguna casa estén recibiendo el mío.

La otra intensión del presente texto es invitarte a ti, amigo o amiga que me estás leyendo, es muy grande la posibilidad de que compartamos el mismo amor por la escritura, y puede que tengas por allí oculta una obra que el mundo necesita ver, porque lo que tienes por decir sé que es importante. Quiero invitarte a que te animes a escribir tu libro, es más, quiero proponerte un trato, empieza a hacerlo hoy, yo por mi parte empezaré a ver en dónde plantar el árbol, no dejemos pendientes en esta vida.



martes, 27 de noviembre de 2018

POR QUÉ ESCRIBIR


                                                    (CUADERNO PERSONAL)



Desde muy pequeño me gustó la escritura, me cuenta mi papá que a los 5 años escribí mi primer cuento, cosa poco común para un niño de esa edad. No tengo memoria de dicho cuento, pero sí recuerdo fielmente cómo a los 8 años llevaba conmigo un cuaderno en el que plasmaba intentos de poesía, y que fui sorprendido por mi profesora mientras escribía en clase. Después me hizo leer algo ante toda la clase porque ingenuamente pensaba que a mis compañeros les parecería tan admirable como a ella.

Siempre he amado la lectura, y no sólo de cómics como podrían pensar algunos. Leía de todo. Durante mis años de adolescencia fui el comúnmente denominado ratón de biblioteca, cosa que se me facilitaba por la inmensa biblioteca de mi papá. Devoraba clásicos de la literatura, obras contemporáneas, best sellers,  ciencia ficción, hasta libros de auto superación. Fue por aquella época cuando empecé a soñar con convertirme en escritor. Podía verme a mí mismo en un futuro escribiendo novelas como José Saramago. Pero mi imaginación funcionaba mejor imaginándome como escritor que escribiendo realmente. Ideas no mal faltaban, escribía frenéticamente, pero el 95% era basura, literalmente, porque lo hacía con papel y lápiz, de mi puño y letra, y dichas páginas terminaban allí, en la basura.

Participé en cuanto festival o convocatoria pude. Me presenté a festivales de poesía, cuento, ensayo, literatura infantil, incluso uno de novela corta. El resultado: jamás gané ni un madrazo. No obstante, nunca paraba de escribir. Me alentaba la historia de cómo a García Márquez el primer editor que leyó la Hojarasca le dijo que mejor se dedicara a otra cosa porque escribir no era lo suyo.

Con el tiempo la escritura por fin me dio mi primera victoria, pero no de la manera que esperaba. Gané un concurso radial de humor gracias a mis guiones. De allí me animé a participar en otro que también gané, ese a su vez me condujo a otro, y desde entonces han transcurrido 19 años en que no he parado de ganarme la vida con lo que descubrí que sí era bueno escribiendo, humor.

Mi carrera en la comedia me hizo olvidar la aspiración literaria, no obstante, jamás dejé de escribir esas otras cosas de manera paralela, quizá con una frecuencia muchísimo menor, pero siempre han estado allí. Hace años empecé este blog dedicado por completo a textos cómicos. Después las obligaciones laborales quitaron tiempo a estos divertimentos pasionales y lo fui olvidando.  Un par de veces intenté retomarlo, la última ampliando el contenido a más que humor, mezclando otros géneros, incluidos textos mucho más personales, como éste.

Confieso, no sin pena, que parte de la poca dedicación a mi blog en los últimos años obedece al desánimo producido por el escaso eco que tiene mi trabajo aquí. Para nadie es un secreto que la lectura no es un gusto de masas, y el tiempo que el blog demanda, versus el amplio rango de alcance de mis demás ocupaciones, me hacen sentir que todo el esmero depositado aquí, es energía que le robo a lo demás.

Pero estos días he recibido una serie de nuevos impulsos, ejemplos de amigos que se animaron a escribir sus libros y los publicaron, reencuentro con textos que en otrora me inspiraron, y conocer personas cuya aparición sugiere aquellas casualidades que dicen tanto. Quiero intentarlo otra vez. Creo que la escritura, entiéndase no como guiones de programas radiales, televisivos o espectáculos teatrales, sino escritura real, de esta que hablará directamente al público sin artilugios de producción o interpretación en medio, tiene conmigo esa relación de las parejas que separan por épocas, pero con tan solo coincidir en un mismo espacio vuelven a producirse mutuamente los sentimientos que les impiden olvidarse.

Intentaré retomar el blog, y más importante aún, intentaré que no me importe estarlo haciendo tan sólo para ustedes, los tres o cuatro que lo puedan estar leyendo. Por ustedes que me leen intentaré mantenerme en pie. Más importante aún, por mí que lo escribo, intentaré mantenerme en pie. Y es precisamente a ti, amigo o amiga a quien Dios bendiga por dar importancia a mis palabras, a ti quiero hacerte una promesa. No sé qué tan constante vaya a poder ser por este medio, pero el próximo año, 2019, tengo la meta, de sí o sí, por fin escribir mi primer libro. No será una novela y mucho menos una joya literaria, pero sí algo que disfrute escribiendo para que tú le disfrutes leyendo. No seré el José Saramago que de joven me soñaba siendo, pero seré el Iván Marín que jamás soñé podría llegar a ser.


lunes, 31 de julio de 2017

EL DILEMA DE LAS CAJAS

                                                      (ENSAYO)


Siempre se ha dicho que DC y Marvel son los bandos que dividen al universo geek, puede ser, pero el mundo de los coleccionistas tiene otra división: los que sacan sus artículos de la caja, y los que no. Orgullosamente pertenezco a los primeros y me desconciertan los segundos. Aunque en teoría nos gusta lo mismo, en la práctica resulta muy distinto. Lo pondré de esta forma: a ambos nos fascina el sexo, pero unos lo practicamos a nivel físico, otros lo prefieren telefónico.

Tengo amigos dueños de enormes colecciones, fue esta afición la que nos unió; pero un considerable número de ellos conserva sus piezas en las cajas, es esta característica la que nos separa. Cuando voy a sus casas y veo todos esos juguetes de la misma forma que lucían en la tienda, me siento entrando a un local de San Andresito, todo parece intacto para la venta, incluso ellos mismos se ufanan con el argumento: “Si lo sacas de la caja pierde su valor”. Yo los saco de sus cajas porque me importa un carajo cuánto queden costando una vez los haya destapado, una colección personal es algo que no debería ser considerado por su valor su futuro, para eso mejor invirtamos en finca raíz. Que alguien compre un apartamento pensando en cuánto le ganará al cabo de unos años, es un negocio. Si aplicas la misma filosofía a tus cómics, estatuas, figuras de acción, etc, eres un inversionista, no un coleccionista. De mi colección tan sólo me preocupa el qué será de ella después de mí, ¿y cómo enfrento dicha preocupación?, convirtiendo dichas posesiones en herencia verdadera, haciéndolas para mis hijos algo valioso, no por su precio, sino por las mismas razones que lo son para su padre.

Amo el olor de un juguete cuando se destapa, amo sentirlo, apreciar sus detalles, sostenerlo en mis manos, darle vida acomodándolo en posiciones imponentes o divertidas, tomarles fotos y crearles un álbum, divertirme con ellos no solo al momento de adquirirlos. Odio verlos en esa rígida posición eterna donde parecen un dibujo para clases de anatomía humana. La caja es una tumba, y como tal, al estar en ella, descansan en paz, destaparlos es hacer que se levanten de entre los muertos y sean eternos de acuerdo a cómo los cuidemos. Tener una figura de acción y no sacarla de su caja es tener un automóvil lujoso y nunca conducirlo, es comprar un libro y jamás leerlo, es tener una novia hermosa y nunca desnudarla… Es tenerla como Nacho Vidal y sólo usarla para orinar… Ok, esta última comparación no aplica, pero fue divertida.

Yo veo a los juguetes como me los mostró Toy Story. Me gusta soñar con que a media noche, cuando nadie las ve, todas mis figuras descienden de las repisas en que reposan, y juegan, y son felices. Un juguete en una caja está condenado a un eterno encierro, son juguetes tristes, son el niño que castigado en casa se limitaba a ver desde su ventana cómo los demás jugaban. El juguete en la tienda es la mascota en espera de una familia que la adopte, cuando alguien lo compra, el juguete sonríe, halló un hogar, o eso cree, porque llega a la nueva casa, pero su vida no cambia en nada, seguirá encadenado a una caja.

Los coleccionistas, todos, sufrimos el pecado de la avaricia, siempre queremos más, jamás tendremos esa figura que nos haga decir: “Ya no compro más, esta es la definitiva”. Pero tener cosas en caja, por más bellas y geeks que sean, tarde o temprano te llevarán protagonizar un capítulo del programa “Acumuladores compulsivos”. Quienes sí las destapamos, contamos con mayor espacio, la gente puede llegar, acercarse a los juguetes y contemplarlos, es un museo lo que estamos creando.

Por supuesto no pretendo cambiar la mentalidad de los Toy Box Boys, siempre nos miraremos desde distinta orilla, lo importante es disfrutar el sonido que arrastra el río. A los dos nos gusta el fútbol, pero a cada quien distinto equipo, lo importante es gozar el partido y salir abrazados del estadio hayamos ganado o perdido. Por eso mi más preciada colección sigue siendo la de amigos, los colecciono de todo tipo; tengo los que piensan como yo, y tengo los que piensan distinto, me divierto igual con ambos, aunque en casa de algunos me sienta como en local de San Andresito.



Escrito para la Revista Mall Pocket, edición 44.


jueves, 18 de mayo de 2017

EL RETO DEL DELFÍN ROSADO

                                                          (HUMOR)



Si usted vive tan despistado que no ha escuchado las noticias sobre “El reto de la ballena azul”, le resumo: Un culicagado ruso al que sus papás no le dieron suficiente correa, se inventó un jueguito que increíblemente se popularizó entre algunos jóvenes alrededor del mundo. Pero no estamos hablando de los juegos que se popularizaban en mi época, el yoyo, el balero, las canicas, la pirinola; No, aquí el administrador de un grupo en Facebook lanza una serie de 50 pruebas, las primeras pueden ser comerse un chile picante sin tomar agua, o echarse limón en los ojos. Hasta ahí, normal, estúpido, pero normal, nada que no hagan los youtubers en busca de likes. Pero los retos empiezan a aumentar su dificultad hasta arriesgar la integridad física de sus jugadores: pararse al borde de un puente haciendo equilibrio en un pie, quedarse quieto en la mitad de una avenida transitada, y la prueba final, atentar contra su propia vida.

Si un degeneradito ruso fue capaz de hacer que tantos buenos chicos se quitaran la vida, me dije, “¿Por qué no intento yo popularizar un juego que les haga amarla?” Según tengo entendido, él bautizó a su reto la ballena azul porque dichos mamíferos se acercan a las costas a morir por decisión propia, pues yo bautizaré al mío “El reto del Delfín Rosado”. ¿Por qué? Porque es un animal en vía de extinción, y estoy seguro de que si entrevistáramos a un Delfín Rosado, él diría: “Pues a pesar de mi color, la verdad es que lo último que quiero es morirme”.

Mis 50 pruebas son tan oscuras que bien podrían llamarse 50 sombras de Marín, pero sé que no se virilizarán como las pruebas suicidas porque las cosas malas suelen esparcirse con mayor eficacia, allí está el ejemplo del reggaetón. Pero escribo esto con la ilusión de que un simple texto tenga la capacidad de distraerlos y hacerles pensar, “Este texto es tan tonto como mi idea de matarme. Mejor voy a salir a vivir la vida y buscar morirme, pero de la risa”.

BIENVENIDOS AL RETO DEL DELFÍN ROSADO

1.    Explica qué quiso decir Ricardo Arjona con la frase: “Dame tus dudas para hacerme una pulsera” … Lo sé, está muy difícil para ser apenas la primera, pero puedes irlo resolviendo por los laditos mientras completas las otras pruebas.
2.    Pasa por lo menos 15 días sin tomarte una selfie. (Si eres mujer se vale una semana, sabemos que para ustedes equivale a una eternidad).
3.    Debes ver un capítulo entero de La Rosa de Guadalupe… Sin reírte.
4.    Encuentra un mimo de parque e imítalo tú a él hasta que se empute y lo hagas hablar.
5.    Entra a una clase de zumba e intenta salir con tu dignidad intacta.
6.    Organiza un grupo autoayuda para todas las personas que jamás lograron superar el final de Lost. Allá nos vemos.
7.    Intenta enseñarle a expresarse a “Epa Colombia” … Tranquilo, dijimos intentar, no esperamos un milagro.
8.    Vaticina cuál será el próximo vaticinio de Los Simpson.
9.    Llega vestid@ como Lady Gaga a una reunión familiar y graba los comentarios que hagan las tías.
10. Ve “El olor de la papaya verde” sin bostezar ni una sola vez. Te lo juro, hay una película que se llama así. Eso sí, no sé si se consigue en una tienda de DVDs o en una plaza de mercado.
11. Asiste a la reunión de un negocio multinivel y diles que no crees poder llegar a “Esmeralda”, pero que desde siempre te han considerado toda una joyita.
12. Convence a un testigo de Jehová de salir a tomarse unas polas.
13. Párate una noche a la entrada de un motel, y a todo el que vaya entrando grítale “¡Sonríe!”, y cuando hagan cara de no entender, tómales la foto.
14. Detecta a alguien que arroje basura a la calle, recógela, síguelo hasta su casa, y vuélvesela a tirar frente a su puerta por cochino.
15. Haz lo mismo de la basura en el punto anterior, pero con la plasta de mierda del que no recoja lo que hace su perrito.
16. Dale un calvazo al que diga que no ve “The Walking Dead” con el argumento de que no le gustan las historias de zombies.
17. Ve a una orgía y escóndele la ropa a todo el mundo.
18. Ve a un juego de golf, y cuando el tipo vaya a golpear la bola grita “¡Gooool!”.
19. Entra desnud@ a una tienda, con cara de preocupación pregunta qué año es, y después di que te urge encontrar a Sarah Connors.
20. Si no entendiste el anterior punto, busca un amigo geek que te lo explique.
21. Sigue las instrucciones de un programa de cocina e intenta que la comida te quede igual que a la del chef.
22. Lee la palabra “Despacito”, e intenta no meterle el ritmo de la canción de Fonsi.
23. Aprende a bailar el Rastastas como la gordita del video.
24. Organiza en el estadio las primeras barras no bravas… Que insulten con decencia con expresiones como: “Oh, señor referí, su decisión errada nos hace considerarlo momentáneamente como un hijo de mujer que brinda servicio sexual”.
25. No olvides el reto de la frase de la canción de Arjona.
26. Mira un vídeo de Maluma sin hacer ningún comentario sarcástico. Si eres mujer, mira un video de Maluma sin morderte los labios.
27. Acércate a la lavadora e intenta adivinar cómo funciona esa vaina.
28. Sal a coger un taxi en plena hora pico. ¡Ojo!, llamar Uber no cuenta, debe ser taxi, por eso se llama reto.
29. Emprende la aventura de ir a un lugar misterioso que los mayores llaman “Biblioteca”, y ya entrados en gastos, entra en contacto con esos extraños objetos a los que les dicen “Libros”.
30. Así no reserves nada, entra a consultar algún hotel en Trivago, hazlo sólo para ver si algún día dejan de pasar ese comercial tan desesperante.
31. Intenta adivinar cuál es la verdadera profesión de Condorito.
32. Busca una utilidad aplicable en la vida real al hecho de saber factorizar. No se vale decir que sirve para escribir otro Algebra de Baldor.
33. Dale a tu cuerpo alegría Macarena, que tu cuerpo es pa´ darle alegra y cosa buena.
34. Busca una sola canción de reggaetón en la que no pronuncien el nombre del artista que la interpreta.
35.  Atrévete a soñar con un mundo mejor… Aunque sea Pandora, el mundo de Avatar.
36. Entra a Youtube y resiste la tentación de terminar viendo el vídeo casero de un bebé, o un gato… O aún peor, de un bebé gato.
37. Planta un árbol… ¿Demasiado sencillo, cierto?... Precisamente por eso todos deberíamos hacerlo sin necesidad de un reto.
38. Ve a Venezuela, disfrázate de vaca y espera a que Nicolás Maduro te ofrezca el cargo de diputada, acepta el trabajo, hazte su mejor amiga y destruye esa dictadura desde adentro. Suena descabellado el plan, pero estamos hablando de Maduro, todo es posible.
39. Ten presente el cumpleaños de un amigo sin que deba ser el Facebook quien te lo recuerde.
40. Comparte de nuevo con tu familia. Juega con ellos un juego de mesa. No se vale sentarse en la mesa a jugar con la Tablet.
41. Llama algún viejo conocido al que le hayas quedado debiendo dinero. Dile que aún no vas a pagarle, pero que lo has pensado mucho.
42. Vuélvete hincha de un equipo de fútbol de Bolivia. ¿Por qué no? Tampoco somos españoles y decimos que somos de Barcelona o del Real.
43. Adopta un perro de la calle, luego pasa con él frente a un restaurante chino y dile: “Mira de lo que te salvé”.
44. Se dice que todos tenemos un doble en el mundo… Busca al tuyo… Y elimínalo, porque como tú no hay dos.
45. Busca la forma de ver “El Oasis”, telenovela que protagonizó Shakira en los 90s. Te devolverá la fe porque ahí verás cuánto puede cambiar la gente.
46. Compra un boleto de lotería y regálaselo a un mendigo. Sin miedo. ¿O crees que él tiene más suerte que tú?
47. Paga seis meses de inscripción a un gimnasio e intenta ir, por lo menos a hacerle la charla al entrenador.
48. Canta a todo pulmón una canción de los Backstreet Boys… Y si no sabes quienes son los Backstreet Boys, será mejor que reconsideres el reto de la ballena azul.
49. En este punto, admite que ya no pudiste, escríbele a Ricardo Arjona y pídele que te explique qué quiso decir con: “Dame tus dudas para hacerme una pulsera”.

50. Asiste a un show de Iván Marín sin pedir cortesías, ríe a carcajadas, y al final de la función párate y grita: “¡Acabo de ganar el reto del delfín rosado!”

viernes, 7 de abril de 2017

PELÍCULAS BÍBLICAS

                                                             (HUMOR)


No sé si a toda mi generación le habrá ocurrido, o si fue por haber sido criado por mi abuelita, pero cuando yo era niño, el plan de semana santa era quedarse en casa viendo películas bíblicas. Uno disfrutaba repitiéndose cada año Jesús de Nazaret, y sufríamos igual, como si en algún lugar del corazón albergáramos la esperanza de que ahora sí lo liberaran a él y crucificaran a Barrabás. Y cada vez que la película terminaba, mi abuelita me repetía sagradamente lo mismo: “mijito, él murió por usted”, a lo que siempre quise responder: “¿Y yo qué culpa tengo de esa trillada que acaban de pegarle?”, pero jamás lo dije, o la trillada me la pegarían a mí.

Lo cierto es que estas cintas me emocionaban mucho, y debo admitirlo, son tal vez el único caso en que he dicho que prefiero ver la película a leer el libro. En mi cabeza se mezclaban con argumentos de otras historias, por ejemplo: en la película de José, el intérprete de sueños, siempre me imaginé que en uno de sus sueños del emperador se aparecía Freddy Kruger y les jodía todo; o que cuando Moisés huía de Egipto, a través del mar rojo lo perseguía Terminator. Yo le contaba a mi abuelita estas versiones alternativas, ella se reía y decía: “mijito, ojalá esa imaginación me le dé para vivir algún día”, y ahí lo tienen, ella resultó ser tan clarividente como el mismo José.

Eso sí, hubo dos películas que no pude ver. La primera: El mártir del calvario. Las señoras del barrio decían que era la mejor película sobre Jesús, pero jamás la dieron en tv, y ahora que lo pienso resulta gracioso recordar cómo ellas discutían qué actor fue un mejor Jesús, hagan de cuenta los frikis de hoy en día argumentando si es mejor el Batman de Ben Afleck o el de Chistian Bale. La segunda película que no logré ver se llama: Quo Vadis. No sé si es algo en su título, pero jamás me atrapó, físicamente me era imposible permanecer frente al televisor cuando la daban, y esa sí la repetían con una insistencia que llegué a pensar la ponían solo esperando que yo por fin la viera.

Con el paso de los años las películas bíblicas fueron evolucionando, mas no nosotros de la mano con ellas. La pasión de Cristo por ejemplo, la versión más cruda y desgarradora sobre el sacrificio de Jesús, pero por más que su director Mel Gibson se esforzó en impactarnos con esta barbarie, la gente en el cine comía crispeta como si nada, las noticias del medio día nos convirtieron en una raza capaz de digerir mejor los alimentos si nos muestran cosas sangrientas. El más impactado escasamente dijo: “uy, pero se le dieron garra a Chuchito”.

En los últimos años Hollywood ha hecho mega producciones bíblicas que irónicamente han alejado a su público objetivo, “Éxodo, dioses y reyes”, por citar una. No sabemos si su director Ridley Scott es ateo y quería destruir la fe desde adentro, pero esta vaina literalmente no logró salvarla ni Dios. Uno veía a Christian Bale pedaleando por sacar adelante ese hueso, y solo habría podido conseguirlo si en el momento de enfrentar a Ramsés, se hubiera puesto la máscara y dicho con voz gutural: “¡Soy Batman!”.

Pero cualquier cosa palidece ante la mamá de las películas enmarihuanadas, “Noé”, cinta de Darren Aronofsky con Russell Crowe como protagonista, sí señores, Russell Crowe, nada más y nada menos que nuestro Maximus en Gladiador (la que sí dirigió bien Ridley Scott). Como que un buen día don Darren pensó: “el problema de las películas bíblicas es que siempre se limitan a contar la versión de la biblia, así que voy a inventarme la mía”, acto seguido se fumó un bareto de un tamaño que habría asustado al mismísimo Bob Marley, y concibió una película que si me pongo a describir en todos sus detalles alucinógenos terminaría escribiendo una tesis, por eso me limitaré a mencionar lo más me marcó de todo. Resulta que para hacer frente a un ejército de bárbaros que quieren quitarle su barquito, Noé termina recibiendo ayuda de unos Transformers gigantes de piedra, si no han visto la película, se los juro, imagínense al tatarabuelo de Optimus Prime boleando puño y pata en una batalla épica que de haber estado en la Biblia, me habría devorado el libro como el señor de los anillos.


Me temo que mis hijos ya jamás compartirán la emoción de sentarse a ver Sansón y Dalila, Ben-Hur, Abraham, El Rey David, y tantas otras. Así que me limitaré a escuchar cómo me cuentan sus propias historias, esas en la que mezcla la trama de Avatar con la de Frozen, y yo pensando que si Darren Aronofky lo hizo, ¿por qué ellos no? Sonreiré y diré, “Ay, mis amores, ojalá esa imaginación me les dé para vivir algún día”.

jueves, 30 de marzo de 2017

SUEÑOS CÍCLICOS

                                                    (CUENTO)


Estaban a punto de besarse, pero justo cuando sus labios se encontraban, él despertó para descubrirse solo en su cama. Sus lágrimas fluyeron mientras se sentía miserable por la forma en que sus sueños lograban confundirlo, haciéndole creerse feliz tan sólo para despertarse luego y descubrir la realidad de su pesadilla.

Y entonces tomó la foto que de ella conservaba junto a su cama, durante unos minutos se quedó mirándola y pensó, quizá no pueda besar ni su cuerpo ni su alma, pero besaré su imagen que para mí es sagrada, dirigió sus labios hacía el retrato y justo cuando iba a depositar allí su suave beso, ocurrió que ella despertó sola en su cama, sintiéndose triste al descubrir que tan sólo era un sueño el que su hombre amado la extrañaba.

Entonces tomó las cartas que de él conservaba, y de nuevo repasó con sus ojos aquellas palabras. No entendía por qué lo hacía si ya su memoria se sabía a la perfección aquellas líneas, no obstante las leía para recordar la época en que él le prometía que por siempre la amaría, y como ocurría cada vez cuando lo hacía, fue habitada por el llanto, una lagrima descendía por su mejilla e iba a caer directamente sobre aquel papel lleno de versos, pero justo antes de tocarlo, él despertó para descubrirse solo en su cama. Sus lágrimas fluyeron mientras se sentía miserable por la forma en que sus sueños lograban confundirlo, haciéndole creerse feliz tan sólo para despertarse luego y descubrir la realidad de su pesadilla. Y entonces tomó la foto que de ella conservaba junto a su cama…




jueves, 2 de marzo de 2017

LOGAN, SU NOMBRE LO DICE TODO

                                                       (OPINIÓN CINEMATOGRÁFICA)


Cada nuevo anuncio de una próxima película de superhéroes suscita expectativas mundiales que suelen verse reflejadas en taquillas millonarias, pero no pocas veces sus cifras de asistencia van en contra vía de la calidad de la cinta. Logan, es uno de esos escasos puntos de encuentro en que pueden darse cita y salir felices fanáticos y críticos. Ver Logan es estar en la tierra prometida, esa que buscamos geeks y cinéfilos por igual, esa en que una película de acción y fantasía puede ser también un drama profundo y desgarrador. Logan es la expiación de cualquier pecado que le pudiera anteceder.

Estamos ante algo más grande que el cierre de una trilogía, es el fin de una era. Han pasado 17 años desde cuando viéramos a Hugh Jackman lucir por primera vez el peinado y barba de James Howlett, más conocido como Wolverine. Desde aquella vez no ha dejado de aparecer, aunque sea con un cameo, en todas las películas del universo de los X-Men. Con Logan, sus garras se retraen para siempre. Es un adiós que duele, pero que también se agradece, porque al igual que tras la partida de un amigo, nos quedamos con los momentos que compartimos, y en estas dos horas finales, nos obsequia varios de los más hermosos.

La historia se sitúa en el futuro, año 2029, un Logan viejo y cansado lleva a cuestas el sufrimiento de tragedias que se nos irán revelando para admirar la forma en que él las ha enfrentado. Veremos en este hombre que cojea cómo incluso al más poderoso de los mutantes el paso del tiempo lo aqueja, los años, ni siquiera con un inmortal tienen clemencia. Y es en esta entre comillas vulnerabilidad, en donde encontramos lo más valioso del personaje. Perdonen si con mi siguiente afirmación parezco perder toda objetividad, posiblemente sea así, pero me es imposible no expresar que la actuación de Hugh Jackman me indispone con la industria cinematográfica que jamás tomará un rol de estos como digno de un premio, y quizá en efecto jamás un personaje lo haya merecido antes, pero la actuación del australiano se merece un reconocimiento porque es tan sólida como el adamantium.

Acompañan a Jackman las actuaciones del siempre preciso Patrick Stewart, como un Charles Xavier no menos atormentado que el mismo protagonista; y la revelación de revelaciones, Dafne Keen, una niña que da catedra de actuación como Laura Kinney, una nueva mutante que expresa todo valiéndose tan sólo de gestos y miradas, a un nivel tal que casi le estorban las palabras. Y permítanme citar la música como otro personaje más, una banda sonora que desde el tráiler con la canción Hurt de Jhonny Cash, nos indicaba que Logan es sinónimo de dolor.

El guion, logra lo que no veíamos en este género desde la trilogía de Christopher Nolan: hacernos creer que todo cuanto estamos viendo puede ser real. La crudeza de su trama se aleja de los artificios Hollywoodenses para recordarnos que el cine no requiere deslumbrantes efectos especiales para ser fantástico. Y el tratamiento de las escenas, violencia sin sutilezas que le hizo merecedora de su clasificación para no toda la familia, evoca el cine de Tarantino, sangre explicita no gratuita que el cine de superhéroes requería. Deadpool y Logan demostraron que la oscuridad de los cómics puede iluminar la pantalla, ¿Optarán otra cintas por seguir este camino? Solo el tiempo lo dirá. Lo único cierto es que después de este casi Western sobre la importancia de la familia, veremos de nuevo las primeras cintas de mutantes y pensaremos en las palabras que bien dice Logan a Xavier: “Charles, el mundo ya no es como antes”.