jueves, 6 de mayo de 2010

MARACACHAFA SEMIPRESIDENCIAL


                                        (HUMOR)


Juan Manuel Santos admitió públicamente haber probado la marihuana en sus años mozos. Para mí, lo sorprendente de la afirmación es que Santos crea haber tenido años mozos. Que acepte haberla consumido es un acto al que considero no le han dado su justo reconocimiento, pues por primera vez está admitiendo su culpabilidad en algo. ¿Saben lo difícil que es hacerle confesar cualquier cosa? Me he enterado, por fuentes fidedignas, que en la parroquia de su barrio, el cura ha debido respaldarse con investigadores de la fiscalía para que Santos coopere en el confesionario.
La confesión de don Juan Manuel, desató una ola (no la verde) de pronunciamientos respecto al tema por parte de sus adversarios en contienda, obteniendo como resultado que, Gustavo Petro, Antanas Mockus y Rafael Pardo, admitieran de igual manera haber condimentado sus juventudes con la afamada yerba. Noemí Sanín, por su parte, lo negó rotundamente, dijo que lo más cerca que ha llegado a estar de una yerbita relajante es la mata de sábila. Germán Vargas Lleras dijo que bajo ninguna circunstancia hablaría de su vida personal, ¿eso es un sí, o un no? Amablemente démosle el no. Es decir que, 4 de los 6 candidatos presidenciales, han fumado chiruza. Oficialmente hay otros 3 candidatos, desconocidos por todos, de lo cual podríamos inferir que estaban bajo el influjo de alguna sustancia alucinógena al momento de inscribir sus candidaturas. Deberían realizar una prueba antidoping en ese momento.
Dicho esto, conjeturamos que, Colombia se debate entre una cantidad de marihuaneros. Pero no los juzguemos tan severamente, después de todo, también son humanos, o por lo menos a Petro no han podido demostrarle lo contrario. Cada uno tiene una explicación lógica del por qué se vio tentado a estar “con el pucho de la vida, apretado entre los labios, la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar”.
Empecemos por los exonerados. Sin ánimo de decir que no creemos en su honesta palabra política, resulta difícil dar validez a que Noemí jamás haya probado la marihuana; si tan sólo así habla como habla, ¿se la imaginan trabada? Admitámoslo, se escucha como si acabara de empujarse 5 tintos y 3 Red Bull. Vargas Lleras a su vez, quien al momento en que empezaron a llamar a los gritones dijo “¡¡presente!!”, evade la respuesta diciendo que hay asuntos más importantes a tratar con un candidato presidencial. Hmmm, me recuerda cuando se le pregunta a la novia con cuántos hombres estuvo antes que uno, y responde, “mi pasado no importa, lo que cuenta es nuestro futuro”. ¿Satisface o tranquiliza en algo esa respuesta?
Pero hablemos entonces de los gallardos, de esos hombres que sin miedo al qué dirán, afirman: “Sí, le casqué al cilantro, ¿y qué?”. Empecemos, por supuesto, por Juan Manuel. ¿Puede uno culpar a este pobre hombre por necesitar una sustancia que le hiciera olvidar que él es él? No lo creo. Además, aplaudámosle que fue capaz de dejarla por completo, tanto se curó de las plantas y sus efectos colaterales, que hoy en día las matas de marihuana le aterran casi tanto como los girasoles.
En el caso de Gustavo Petro, le tocaba o le tocaba. ¿Si estaba en el monte qué otro vicio podía volver costumbre? Sé que hoy en día uno lo ve y cuesta creer que se haya regenerando, pero la verdad es que sí. Analicémoslo. Si aún fuera consumidor de la alegrona, con su actual estatus político le sería fácil cambiarle el nombre al partido, lo que le convertiría en el candidato oficial del Porro Democrático. Y si aún consumiera, no sería netamente de izquierda, pues le costaría trabajo caminar en línea recta y se balancearía de izquierda a derecha, izquierda, derecha.
Rafael Pardo, de quien debo decir parece la versión joven del Sr Burns de los Simpson, obedece al prototipo típico de quienes terminan haciendo algo por presión de grupo. Con seguridad sus compañeros de estudio le decían en tono burlón y retador: “a que no la prueba, a que no la prueba”. Y en efecto, la probó. Este patrón de conducta sigue definiéndolo hasta el día de hoy, pues con total seguridad, sus compañeros liberales le dijeron en tono burlón y retador: “a que no se lanza, a que no se lanza”. Cayó en la provocación sin medir las consecuencias, y mírenlo ahora, embalado sin saber qué hacer. Pero ya no fuma de aquello, lo más cerca que ha vuelto a estar de la matica, fue cuando se compró la colección completa en DVD de Baretta.
¿Y qué podemos decir de Antanas Mockus? Su filosofía es la experimentación, si fumo debió ser para comprobar en carne propia el efecto alucinante de la maracachafa. Y una vez fumada, la dejó ipso facto, aunque a su organismo le ha llevado décadas terminar de expulsarla, solo así pueden entenderse sus locuras.
Lo cierto es que, fumados o no, estos son nuestros candidatos, y entre uno de ellos se encuentra el próximo presidente de Colombia. Esperemos que el ganador no se deje llevar por la euforia y el día de los comicios pase de la papeleta electoral a otro tipo de papeleta.

4 comentarios:

  1. Muy buena esta sátira política. Más que algo en específico del escrito, lo que me llamó la atención es la manera farandulera en que el periodismo pretende entender la agitada vida política de la actualidad colombiana...

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  2. Muchas gracias por tu comentario. Aunque voy a confesar, no sin algo de pena, que no logré procesar por completo si fue un halago un varillazo, jeje.

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  3. Lástima que no la había leído antes... Pero bueno, qué más da.
    Me gusta como le das varios nombres a la planta alucinógena en cuestión.
    Vargas Lleras tiene un rabo de paja brutal, al reservarse su respuesta pretendía cuidar su imagen como político y candidato a la presidencia, que realmente es un politiquero de aquí a la m...
    Y si, todos la hemos probado pero no con la misma suerte pues en mi caso sólo fue una vez y la verdad no sentí nada porque no sé ni me gusta fumar jajaja...

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  4. Jajaja. Nohemi es de mi epoca. Tuvimos nuestra juventud en el apogeo de la maracachafa que pusieron de moda los "Cuerpos de Paz" gringos. Sin embargo, es muy posible que no la haya probado ni conocido, porque tampoco yo lo hice. Y eso que vivi en el campo.

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