martes, 17 de marzo de 2020

DIAGRAMAS DE UN INSTANTE



                                                          (CUENTO)




Sentado frente al computador digitaba las últimas palabras de su propuesta, el documento se encontraba listo con anterioridad, pero considerando todo cuanto de él dependía, una última depuración del texto no estaba de más. Repasó minuciosamente todo su contenido, y al considerarse completamente satisfecho con la versión final, ejecutó la orden de impresión. Exhausto se reclinó en su asiento mientras veía cómo las páginas en blanco se introducían en la impresora para aparecer al otro extremo conteniendo ya grabadas las palabras y números en las que tenía depositada toda su esperanza de recuperar la estabilidad de sus finanzas.

El casi mudo sonido de la impresora láser servía como música de fondo a sus pensamientos. Se encontraba sumergido en el nerviosismo por la reunión a realizarse el día siguiente. A primera hora del día debía tomar un avión que le condujera a la ciudad en que algunos de los inversionistas más importantes de la nación se reunirían en torno suyo para escuchar lo que prometía ser el proyecto de mayor envergadura en los últimos años. Si lograba convencerlos no sólo estaría salvándose de la quiebra absoluta a la que lo arrojó el riesgo corrido en su ultimo negocio, uno al que le apostó la casi totalidad de su capital; en caso de disuadirlos sobre la viabilidad de ganancia en la pretensiosa empresa, también estaría garantizado el futuro económico de sus hijos.

Guardó los papeles en su maletín prestando suma atención a no olvidar alguno que pudiera afectar la exposición empresarial. Luego se dirigió a la cama en que su amorosa esposa lo aguardaba, se tendió a su lado y ella lo rodeó con sus brazos mientras susurraba cuánto lo amaba, le decía que confiaba en él y que con seguridad todo saldría bien. Fue la voz de su pareja lo último que escuchó esa noche justo antes de cerrar los ojos y sumergirse en el océano de sueños donde la reunión se llevaba a cabo con el éxito esperado; fue también aquella voz lo primero que escuchó al amanecer, anticipándose cinco minutos al despertador depositó un cálido beso en la mejilla del hombre que sentía llevar el peso del mundo sobre sus hombros, le instó a bañarse mientras ella preparaba el desayuno. Cinco minutos luego el despertador sonaba en tanto el hombre se miraba fijamente al espejo repitiendo en voz alta lo capaz que era de llevar a cabo tan imperiosa labor que se había propuesto.

Durante la ducha y el desayuno el hombre repasaba mentalmente todos los argumentos que presentaría a la junta y se formulaba a sí mismo los seguros interrogantes con que le acometerían una vez culminada su exposición. Sus pequeños hijos, ignorantes del relevante acontecimiento, acosaban a su padre con los juegos y preguntas acostumbradas de cada mañana, él los veía así como a su espléndida esposa y le aterraba la idea de fallarles nuevamente, sentía haberlo hecho al perder todo su dinero en la inversión errada, pero ahora el destino le daba la oportunidad de corregir su error, y no era una oportunidad cualquiera, era la idónea para mejorar con creces no sólo su situación actual sino también la privilegiada en que hasta hace poco estuvieran.

Dijo a sus hijos lo mucho que los amaba, les besó y se dirigió a la puerta acompañado por su esposa, frente a la casa ya aguardaba el taxi que habría de conducirle hasta el aeropuerto. Cruzaron unas últimas palabras de aliento y un último te amo, luego, ella lo vio ingresar al vehículo y partir hacia el gran negocio que les devolvería la tranquilidad. El chofer tenía sintonizada una estación musical adulto contemporánea muy propicia para la ocasión, canciones relajantes brotaban de la radio para sosegar su intranquilidad, se dejó llevar por las melodías mientras las cantaba por lo bajo intentando alejar de su mente la inmensa cantidad de cifras que había estando memorizando desde muchos días atrás. De repente, como despertando de un sueño, advirtió que el edificio a su costado derecho había permanecido estático a lo largo de toda una canción, entonces miró a su alrededor descubriendo el inmenso trancón vehicular en que estaban atrapados. Miró su reloj de pulsera y lo comparó de inmediato con el que reposaba en la parte delantera del vehículo, aún estaba bien de tiempo, pero la completa inmovilidad del tráfico comenzó a despertar su nerviosismo. Transcurridos quince minutos se habían movido escasos metros y el pánico se apoderó de él. Preguntó al chofer si no conocía alguna ruta alterna para eludir tal congestión, pero éste le explico que de poco o nada servía puesto que aún faltaba un gran trayecto para encontrarse con el desvío requerido, se hallaban completamente sujetos a la reanudación del tránsito, hasta entonces no podían hacer algo distinto a esperar.

Lo que en un principio fuera música relajante sufrió la metamorfosis en que las melódicas voces de los cantantes se le antojaron la burla del destino ante su desespero, pidió al chofer sintonizar otra emisora, preferiblemente una de esas en las que dan informes del tráfico desde un helicóptero para orientar a las personas justo antes de verse atrapadas en su situación actual. Efectivamente los informantes aéreos reportaban la congestión sugiriendo a los conductores tomar vías alternas que por supuesto ellos ya habían dejado atrás. Su alarma interna se disparó al máximo haciéndole considerar la usual idea que asalta a quienes son presas de un afán semejante, descender del auto y emprender el recorrido a pie, pero la poca cordura que aún conservaba le hizo evidente la magnitud de estupidez que significaría hacer caso a aquel impulso.

Veinte minutos luego alcanzaban el punto en que el chofer lograba tomar la desviación esperada para continuar su trayecto. La tranquilidad fue volviendo a su semblante al ver la velocidad que el taxi alcanzaba, pero no dejaba de mirar constantemente su reloj para cerciorarse del tiempo. Una vez llegaron a su destino el hombre respiró aliviado y ofreció toda su gratitud al conductor como si éste en lugar de prestarle un servicio de transporte acabase de salvarle la vida. Descendió del vehículo, una vez más consultó su reloj, y aunque no era tan temprano como le hubiera gustado estar evitando cualquier percance de última hora lo cierto era que ya se encontraba allí. Se dirigió a la aerolínea para reportar su equipaje, aguardó a su turno en la fila y posteriormente se acercó a la hermosa joven que le atendería, le dirigió una sonrisa mientras su mano derecha buscaba el pasaje de avión en el interior de su chaqueta, de inmediato la sonrisa se nubló y apareció en su rostro la expresión de horror más evidente.

Su esposa hacía el intento de comprender los ininteligibles gritos proferidos por su marido al otro lado de la línea, cuando finalmente entendió de qué se trataba, el pánico se apoderó también de ella. En ocasiones el deseo ferviente sobre una cosa es el mismo culpable de hacernos olvidar lo evidente en relación con la obtención de ésta, tal ocurrió con él, quien concentrado en todos los elementos de la reunión pasó por alto que lo más importante era estar presente en ella.

Debido a su precaria situación económica le era imposible comprar otro tiquete, realmente estaban tan mal que incluso debieron sacrificar algunos gastos del mes para poder realizar aquel viaje, les avergonzaba que sus amigos supieran lo mal que se encontraban luego de haber sido tan prestigiosa familia, un pecado muy común entre la gente con dinero que repentinamente se ve privada de él. Por lo que su esposa, quien afortunadamente ya había enviado los niños al colegio, vistió lo primero que tuvo a su alcance y emprendió la decisiva carrera. El documento de identificación que le permitiría abordar el avión se encontraba en la primera gaveta del escritorio, lugar evidente para evitar cualquier olvido, y ahora que ella lo apretaba entre sus manos no lograba comprender cómo se veían envueltos en aquella situación, la misma pregunta que se formularan unos meses atrás luego del fracaso que los llevó a la ruina.

La congestión en el tráfico de la que él fue víctima había desaparecido por completo, pero la enorme distancia no era algo tan fácil de salvar con el simple hecho de no encontrar obstrucción vehicular. Mientras tanto él se llevaba las manos al cabeza escuchando por el altoparlante el llamado para los pasajeros entre los cuales tendría que hallarse. Por su mente cruzaban sin cesar todas las palabras contenidas en el discurso que al cabo de unas horas debería estar ofreciendo a los hombres que ahora tan sólo se encontrarían con un salón de juntas repleto, pero sin alguien que les explique el motivo de su asistencia.

Tanto la mente de él como la de ella parecían reproducir las mismas escenas dantescas en su cabeza, la oleada de acreedores a los que habían estado eludiendo valiéndose de su intachable reputación, pero que ahora tendrían que enfrentar con la vergüenza de no poder responder, el embargo al que seguramente se verían sometidos por los bancos cuyas tarjetas habían excedido el crédito, la burla de los otros niños a sus pequeños hijos cuando se supiera la morosidad en que habían incurrido sus padres, esa nefasta burla, otro pecado típico de las altas esferas.

El hombre rogaba a los funcionarios de la aerolínea que retrasaran el despegue, mientras ella rogaba al conductor del taxi que acelerara excediendo el límite de velocidad, pero a uno y otro les fueron negados sus ruegos. Él presenció con impotencia cómo su avión rodaba por la pista de despegue en el momento mismo que su esposa hacía la dramática aparición corriendo por el pasillo.

A pesar de la ira y la frustración se fundieron en un abrazo mudo, sentían que el mundo bajo sus pies temblaba con la violencia del más fuerte terremoto, y sólo asidos el uno al otro eran capaces de soportar la sacudida. Sabían que lo perderían todo y ese abrazo representaba su fuerte deseo de no perder lo único que era verdaderamente suyo, lo único que nadie jamás podría quitarles a menos que ellos mismos lo decidieran.

Permanecieron abrazados durante un tiempo tan difícil de precisar como la cantidad lágrimas que rodaron por sus mejillas. Luego se sentaron a intentar pensar, ella le decía que podían cambiar el tiquete para el próximo vuelo y llamar a solicitar que aplacen la junta durante algunas horas, pero ambos sabían que las posibilidades de que ocurriera eran mínimas, bastante difícil había sido hacer coincidir a tantos empresarios en una sola reunión, y el tercer pecado de los adinerados es pensar que su tiempo es tan valioso como sus chequeras, impidiéndoles conceder un pequeño crédito horario a los necesitados de él.

De nuevo se abrazaron mientras preguntaban al cielo por qué lo injusto del destino, por qué los dioses se divierten con los humanos cuál si fueran juguetes sin alma, por qué les llenan los bolsillos de esperanza tan sólo para descubrir que están rotos y lo puesto en ellos se pierde sin falta. Eran miles las preguntas que se hacían cuando se desató la conmoción a su alrededor, guardias de seguridad gritaban, la gente corría y los altavoces transmitían mensajes que hacían un llamado a guardar la compostura. Sin terminar de comprender lo que ocurría y olvidándose por un instante de su drama personal se pusieron en pie para unirse a las masas agolpadas en torno a las pantallas de televisión. Nadie podía dar crédito a aquella visión, mucho menos él, su avión, el mismo que le conduciría al gran negocio que sería su salvación, el mismo que al despegar sin él se convertía en su perdición, ese mismo, acababa de estrellarse contra la primera de las torres gemelas.

11 comentarios:

  1. OMG...me dejó impactada... Me encanta lo que escribes.
    Un abrazo gigante.

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    1. Muchas gracias, no te imaginas cuánto me alegra ver comentarios en el blog, me hace pensar que por lo menos una persona lo lee, en este caso, tú, jeje. Un abrazo.

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  2. Wow, ¡me encanto!,tiene una trama bastante interesante. Felicitaciones, sigue así. ¡Amo como escribes!

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  3. Muchas gracias, esto me motiva a seguir escribiendo. En los próximos días estaré compartiendoles varias cositas.

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  4. Que historia tan emocionante, quedé con muchas ganas de leer mas historias de verdad que felicitaciones eres muy buen escritor

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  5. Que historia tan emocionante, quedé con muchas ganas de leer mas historias de verdad que felicitaciones eres muy buen escritor

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  6. Wow, realmente lo leí sin respirar, es increíble como me conecté con cada emoción!! Felicidades me encanta leer y tu historia fue realmente un placer erótico casi sexual jaja espero muchas Más!

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  7. Hola ivan, soy el hijo de paula bermudez jaja, de verdad hace mucho tiempo algo no me generaba ese deseo de leer tanto como lo fue este escrito gracias de verdad, que buen final.

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  8. Hola, la historia me envolvió, muy bien, escribe más.

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  9. Me encantó, de esos cuentos que te atrapan y te hacen sentir una montaña rusa de emociones, que te mantiene conectado con el cuento y te invita a seguir leyendo olvidando todo lo que te rodea.mil felicidades eres un grande en todo lo que haces,Dios te bendiga

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