martes, 22 de octubre de 2013

MI PRIMERA VEZ... HACIENDO STAND UP

(HUMOR)



¿Que si recuerdo la primera vez que me paré a hacer una rutina de Stand-Up Comedy? Claro que sí. Cómo no recordar cuando un puñado de desconocidos me hizo sentir con su silencio, el hombre más miserable sobre la faz del planeta Tierra. Cómo no recordar la noche en que me reduje hasta quedar de 8 centímetros sin tomar la pastilla de chiquitolina. Cómo no recordar unas cerca de 200 miradas infectadas de aquel terrible virus: la pena ajena.

Llevaba ya años trabajando en el humor, pero enfocado principalmente en el área de libretos para programas de radio y tv, además de escribir shows para otros humoristas. Hasta que un día me dije: “¿Qué rayos hacen todos tus pensamientos ganando créditos en otras bocas?”, así que decidí lanzarme al ruedo, para lo cual empecé a estudiar con Gonzalo Valderrama, y tras varias horas de la teoría que me animó aún más en mi propósito, llegó el fatídico momento de aprender sobre el escenario, que la comedia realmente no puede aprenderse en otro sitio.

Esa noche, en un exclusivo bar de Medellín, se presentaban la imitadora Luz Amparo Álvarez, y su telonero, ¡¡el internacionalmente desconocido: Iván Marín!! Pararse ante un público que no tiene la más remota idea de quién eres, y hacerles la promesa tacita de que se reirán contigo, genera un escepticismo semejante al que debe sentir una ninfómana ante un eunuco. Los asistentes me dirigieron una inevitable primera mirada de “¿Y este quién putas es?”. Muchos debieron pensar que yo era hijo del dueño, solo así entenderían que se me permitiera pararme tan impunemente ante ellos.

Y ahí estaba yo, con las piernas temblando, las manos sudorosas y los pensamientos estrellándose unos contra otros a 300 kilómetros por hora. El presentador dice mi nombre, subo a la tarima. Hasta ahí, todo va bien. Tomo el micrófono entre mis manos. Hasta ahí, todo sigue bien. Saludo al público con las buenas noches. Hasta ahí, todo sigue bien. Hago mi primer intento de ser gracioso, y… ¿han visto una estrellada de la formula Nascar? Es exactamente lo mismo, con la diferencia de que los pilotos de la Nascar llevan casco y cinturón de seguridad, uno no tiene protección alguna ante el estrepitoso golpe de los “chistes” que se encargan de hacer más y más incomodo el silencio. El único sonido que logré obtener de ellos fue el producido por los vasos de cerveza cada vez que volvían a tocar sus respectivas mesas.

Pero allí no había solo desconocidos, también se encontraban algunos de mis mejores amigos, quienes demostraron su infinita lealtad siendo capaces de dirigirme la palabra tras bajarme del escenario. También estaba (lo recuerdo y me arde la llaga) una muy reconocida modelo paisa, quien me dirigió una mirada de compasión semejante a la que ponen las dueñas de los caballos que deben ser sacrificados por haberse roto una pata.


Nadie se rió aquella noche, o quizás los ángeles del cielo al verme fracasar así. Pero fue entonces cuando descubrí que a los comediantes, la Comedia se nos parece mucho a las mujeres, porque a veces, cuando más nos rechazan o más mal nos tratan, más nos enamoramos. Y así ocurrió, esa horrible noche, le juré amor eterno a la comedia. 

7 comentarios:

  1. Que enseñanza, no rendirse por más que los demás te hagan sentir como una popó jajajajajaja

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  2. Como pa' haberle dicho lo de la otra vez... "acaba de dejar su poca dignidad en esa tarima". :D :)

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  3. Jejeje Que buena experiencia. (como "cuentero" también la he pasado igual). pero es fascinante leerlo por que es como:

    Escuchar no a BATMAN sino a Bruno Díaz, la primera ves que se enfrento a GATUBELA , el traje de Héroe lo protegió de aruñetazos, pero a tan bella villana senxual, el traje fue el que genero gran dolor en la erección requerida. hahaha (se baja uno de la escena y no se ubica.

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  4. muy bueno sigue escribiendo esta super bacano

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  5. Jajaj me alegro de tu persistencia, o sino de lo q nos estariamos perdiendo.

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