domingo, 20 de abril de 2014

COLOMBIANOS SOMOS 2

(HUMOR)


En la entrega anterior empecé a desgranar la compleja mazorca del comportamiento colombiano. En vista de que el tema tuvo tan buena aceptación, y que para ésta ocasión no tenían otro mejor, decidí seguir escarbando en lo que hay detrás de cada extraño comportamiento de nuestra raza.

¿En qué otro lugar del mundo se tiene por costumbre realizar una exposición de intestino en el pasillo de un bus con el único fin de despertar la solidaridad en los ciudadanos? …¡En ninguno!, únicamente en Colombia los desprevenidos pasajeros somos víctimas de éste espectáculo desagradable, en el que utilizando el mismo ‘modus operandi’ de un suicida palestino, el terrorista del exhibicionismo criollo descubre su estomago con el fin de mostrar el explosivo mortal para nuestra bilis. Y el terror se eleva a otro nivel cuando no contentos con mostrar la chamba, muy cortésmente nos invitan a tocarla para comprobar que no es un efecto de maquillaje… sé de una señora que metió el dedo.

¿En qué otro país del mundo se tiene por costumbre llevar un bus con treinta personas a esperar un familiar que viene de otro país? … Me atrevo a afirmar que solamente en Colombia hacemos colapsar las terminales aéreas con una parranda de muchachitos corriendo por los pasillos, de viejitos arropados hasta las orejas y de borrachos haciéndose los graciosos para mitigar el retraso del vuelo. Lo triste es que el único sentimiento que mueve a esta cuadrilla de colombianos a esperar al familiar en cuestión, es pretender que este se conmueva con su presencia y les dé los mejores regalos.

¿En qué otro país del mundo los conductores protegen su vehículo contra cualquier desastre con el tradicional ‘detente’ paisa (Escapulario amarrado en el pedal del freno) y el zapatico del hijo mayor en el espejo retrovisor de la mitad? …¡En ninguno! Solamente en Colombia los conductores prefieren depositar su confianza en estos dos símbolos ancestrales, que en una aseguradora seria; y en el caso hipotético de que la mística estrategia llegara a fallar y le ocurriera alguna desgracia al conductor o al vehículo, la explicación colombiana sería que no se le renovó a tiempo la bendición en la iglesia de Chiquinquirá, o una  de sus múltiples sucursales.

¿En qué otro país se somete a los seres humanos a incomodas agonías basados en argumentaciones sin ningún soporte científico?... ¡En Colombia! El paradisíaco edén en que un niño debe soportar con valerosa actitud de mártir la inmensa cantidad de grados centígrados ofrecidos por nuestra tierra caliente, sin la más mínima posibilidad de sumergirse en la refrescante piscina, sólo porque mamá ordena esperar por lo menos una hora mientras reposa el desayuno. Ahhhh, qué envidia esos niños holandeses que se sumergen al agua con cloro acabando de degustar un buen calentao.

¿En qué otra parte de éste inmenso globo terráqueo puede verse que la totalidad entera de la población posea avanzados conocimientos médicos sin jamás haber pisado el aula de una clase dictada por un galeno?... ¡En absolutamente ningún sitio que no sea Colombia!, único país en que sin importar cuál sea la dolencia que usted padezca, siempre podrá contar con la opinión experta de cualquier pariente o vecino recomendándole algo que es bendito pa´ ese dolor.

¿En qué otra parte del mundo podríamos encontrar el fenómeno de todo un barrio reunido en torno a un muñeco que se incendia durante los últimos minutos del año que termina? …¡Solo en Colombia!, o quizá también en una que otra comunidad tribal africana, pero de seguro ninguna tribu aborigen sigue con tanta religiosidad el ritual de vestir al muñeco con las prendas del abuelito, y mucho menos la de organizar una campaña sólo comparable a las mejores épocas de ‘La Teletón’, con el fin de conseguir la financiación que permita rellenar las entrañas del muñeco con todas las modalidades ofrecidas por el ahora mercado negro de la pólvora.

¿Y en qué otro lugar del mundo las autoridades tienen por costumbre divertirse inventando trámites que únicamente sirven para hacer perder un valioso día a los ciudadanos? …bueno, seamos objetivos y consideremos que quizás en unos cuantos, pero no dañemos el sentido que llevan estas dos columnas y digamos que en ¡ninguno!, solamente en Colombia se somete a la población a la flagelación, por ejemplo, del certificado del DAS. La infraestructura dispuesta para dicho trámite no tiene nada que envidiarle a la implementada en la feria de ganado para subastar animales; después de soportar un día de filas eternas y ausencia de amabilidad por parte de los funcionarios; al igual que las reses, nuestro premio es un sello, que ni a ellas, ni a nosotros, nos sirven para nada.

Hasta aquí esta entrega de ‘Colombianos somos’, pero escribo estas últimas líneas con la esperanza de que este pequeño análisis de nuestra raza halle tierra fértil en las nuevas generaciones, y se convierta en semilla de la evolución colombiana.   

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