sábado, 29 de octubre de 2011

LA ESTRELLA DE MILLOS, COSAS QUE VOLVERÁN


(HUMOR)


Doy inicio a este texto confesando que es la versión corregida de uno que publiqué ayer, en cual felicitaba a los hinchas de Millonarios por haber conseguido, por fin, su estrella número 14 luego de 23 años de ayuno. Pero mis amables lectores me ilustraron acerca de mi ignorancia futbolística, pues me explicaron que sí ganaron una copa, pero no la liga, es decir que, la estrella les sigue siendo tan esquiva como la delgadez a Marbelle.

De corazón admiro a los hinchas del ballet azul porque su fidelidad viene siendo puesta a prueba por más de 2 décadas. Tan demorado está siendo el titulo, que como me hicieron caer en la cuenta algunos amigos de twitter, cuando la obtengan, será la primera vez que lo vean en televisión a color. Pero eso no diezma su amor por el cuadro embajador; el equipo, en materia de logros, les da poco, pero ellos, en materia de pasión, se lo dan todo: es una entrega tan poco correspondida como el amor de Valery Domínguez por el novio estafador al que le firmó de todo.

Esta confesión de mi respeto a su devoción, también era tratada, con otras palabras, en la versión previa del presente artículo. Lo que continua vigente de un texto a otro y en los mismos términos, es la pregunta del por qué “celebrar” así, más ahora que sé que no obtuvieron el titulo. Mi amigo, el gran comediante Gonzalo Valderrama, decía alguna vez que al grupo de hinchas de canticos furibundos se les denomina barras bravas, ¿y que cómo no iban a estar bravas si nunca ganan? Pero ahora que por fin lo hicieron, me pregunto el por qué algunos (no todos por supuesto), celebran como si en vez de alegres estuvieran bravos. Personalmente fui testigo de cómo a varios vehículos les detenían grupos de 20 hinchas extasiados, manoteando y vociferando groserías, y yo me pregunto, ¿de verdad creen que deteniendo un carro en gallada le impregnan su alegría al conductor? De igual manera me llamó la atención una escena en la que arrojaban rollos de papel higiénico hacia un árbol, y a menos que el árbol se hubiera cagado, no le veo el sentido de ello. Qué impresión debió llevarse el dueño de la tienda en la que compraron todos esos rollos de papel, debió para pensar: “hmm, pero están malitos del estomago”.

Estudiando la celebración también llegué a la conclusión de que con cualquier logro futbolístico patrio, el principal beneficiado es Maizena, cuyas ventas se elevan en un 200%. ¿Por qué arrojarse harina en la jeta es sinónimo de dicha? ¿A quién fue el primero que se le ocurrió esa idea? ¿Qué tal que en lugar de harina hubiera instaurado como tradición el arrojarse hojuelas de maíz?

Lo cierto es que, sea cual sea la forma idónea de celebrar, Millos volvió a ganar, algo que, admitámoslo, no es cosa de todos los días. Por lo tanto, este triunfo aviva en mí la convicción de los no imposibles, sé que tare o temprano el titulo volverá a sonreírles reviviendo las viejas glorias del onceno azul, será traer el pasado al presente. Y en esa línea de pensamiento, quiero citar a continuación algunos ejemplos de cosas que, si alguna vez pasaron, como los títulos de Millos, ¿por qué no?, puede que ocurran otra vez, algunas para bien, otras quizá no tanto.

¿Qué tan descabellado verían que Andrés Pastrana volviera a presentar un noticiero como en las flamantes épocas de Tv Hoy? Me lo imagino despidiendo la emisión: “Claramente, Nora, los niños y yo, les decimos que hasta aquí llegan las noticias, quedamos QAP con la red independiente”.

¿Se imaginan que volvieran a imponerse como eje de la rumba las “Cocacolas bailables”? Ahhh, épocas aquellas en las que bailes como el choque no entraban ni en la más bizarra pesadilla adolescente. Hoy en día los niños van a chiquitecas, cosas que lo único “chiqui” que tienen, son los nuevos chiquitos que conciben allá adentro.

¿Alguien esperaría que volviera Tamarindo Postobon? Una fruta que jamás pudo hacer historia en el mundo de las gaseosas. Qué montadas tan bravas debieron pegarle frutas exitosas como la naranja o la manzana: “A nosotras sí nos toman y a usted no, lero lero”.

¿Qué tal que por aquello de las modas cíclicas volviera el celular Nokia 2160? Hoy en día se le valoraría de sobre manera por dos razones fundamentales: con él se puede descalabrar a un ladrón que pretenda hurtarlo, y lo más importante, su batería le duraba hasta 8 días, no como a mi maldita blackberry que no le dura 8 horas.

¿Y si volvieran los chicles Bazooka? Eran caramelos que a las tres mordidas se les iba el sabor, pero su mayor particularidad era que venían envueltos en un papelito con un chiste malísimo. Hoy para modernizarlo podría traer una línea de Stand-Up Comedy. Que usted lo abra y lea: “Deje así”.

¿Qué sentiríamos si vuelve el copete Alf? ¿Veríamos igual de buena a Laura Acuña si le decorara la frente el mismo look del visitante de Melmac?

¿O cuándo será que vuelve el álbum de Garbage Pail Kids? Qué mente retorcida tenía el creador de este. Las imágenes eran tan, pero tan bizarras, que yo creo eran el furor en algunos campamentos de ciertos grupos armados. Me imagino a algún comandante viéndolo y diciendo: “Huy, deberíamos intentar esta con algún nuevo paciente”.

2 comentarios:

  1. Home Iván, me pusiste nostálgico, sobre todo con lo de la tamarindo, que bien ganada tenía su fama de ser infalible para el guayabo. Muy buen post.

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  2. JAJAJAJAJ, MUY BUENO IVAN, EL TRIUNFO DE MILLOS ES SIN DUDA OTRO AVISO DE QUE EL MUNDO SE VA A ACABAR EN EL 2012....

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