jueves, 8 de abril de 2010

LOS 80 DE MICKEY

                                         (HUMOR)


Imagino que el titulo del presente artículo tiene confundido a más de uno. Los 80 de Mickey suena a la competencia de los 50 de Joselito. Pero no, permítanme orientarlos por el correcto sendero del tema a tratar. Resulta que Mickey Mouse está cumpliendo 80 de vida. Esa es una cifra de admirar, especialmente en un negocio tan mal agradecido como el del espectáculo.

Respecto a Mickey, les voy a contar algo que de seguro ignoran, no debería jactarme de esto, pero en honor a la verdad, me precio de ser considerado uno de sus amigos más cercanos. Nuestra amistad nació tras compartir una derrota profesional, sucedió así. En cierta ocasión le ocurrió lo que tarde o temprano le pasa a todo comediante: sintió que nadie lo tomaba en serio, por lo que se propuso demostrar que su talento iba más allá de ser una cara bonita y bufonesco roedor. Recordó haber leído mi nombre en por los menos 5 libretos rechazados por Disney, lo que lo llevó a dudar de mis capacidades como escritor, pero a adorar mi persistencia. Me contactó, y tras abrir a mí su corazón, me pidió que le escribiera un monologo dramático en el que demostrará todo el dolor que puede conducir a un ratón hasta su tumba. Me lo tomé demasiado literal, fue así como nació la obra titulada: Maldito seas Racumín.

Fue estrenada con bajo perfil en un teátrico de la candelaria, un lugar con sillas de madera y sin espaldar, sin acústica, y una escasa capacidad para 30 personas, mejor dicho, aún sin la presencia de Mickey, el sitio era una ratonera. Como no queríamos llamar la atención de la prensa, lo presentamos a él con un seudónimo, pero para estar absolutamente seguros de que no iría nadie importante del medio, en la marquesina dejamos intacto mi crédito como escritor.

Maldito seas Racumín fue un rotundo fracaso, se presentó tres días seguidos consiguiendo un promedio de asistencia de 3 personas por noche, Mickey, el portero del teatro y yo, incluso la niña de la taquilla pidió libres las tres noches. Tan sólo el último día se presentaron dos hombres diferentes a nosotros, los abogados de Racumín para interponernos una demanda.

Mickey pagó la cifra solicitada por los demandantes, pero desde entonces, se mantuvo entre nosotros una bonita amistad, motivo por el que recibí una invitación para asistir a su fiesta de cumpleaños número 80, y fue muy desalentador el cuadro que hube de presenciar en la misma. Procedo a contarles algunas de las incidencias de la celebración.

Debí suponerlo, la fiesta estaba llena de puros viejitos, eso sí, muy ilustres: Goofy, el Pato Donald, Tío Rico, García Márquez. El abuelito Mickey se veía lo más de tierno, todavía usa sus cargaderitas, claro que ahora son para sujetarle el Tena. Porque a pesar de sus años, sigue comportándose como todo un niño, se hace popo y chichi en la ropa.

Pero como sin importar sus años, sigue siendo visto como el mayor icono representativo de los pequeños. La fiesta tuvo una piñata, tan bienintencionada como aburridora, pues en vista de que todas las caricaturas estaban ancianas, no la llenaron con juguetes sino con bonos de Provida.

Realmente me rompió el corazón verlo así de acabadito, está completamente cegatón, tanto, que le tocó agarrar a Pluto de lazarillo. Cuando iba a soplar la velas casi se quema las orejas, es que ya ni a ellas es capaz de mantenerlas paraditas. Y estaba muequito, hace años perdió la dentadura, afortunadamente volvió a sonreír porque el ratón Pérez le regaló una caja de dientes.

Lo reconfortante vino cuando empezó a contarnos algunas historias que seguramente nadie conocía. Por ejemplo, ¿sabían que su primer papel lo obtuvo haciendo de extra en el flautista de Hamelin? O figúrense que presentó casting para hacer del maestro Splinter, la rata que enseña karate a las Tortugas Ninja… pero no se lo dieron por la edad. Nadie da trabajo a personas o ratones de la tercera edad. Qué desazón, si consigues llegar vivo a la vejez, será tan sólo para ver que sea ella quien te mate.

Mickey ya se siente cansado, son 80 de su vida entregados a una empresa que no parece estar dispuesta a dejarlo jubilar, con tal de negar una pensión hacen lo que sean. Para colmo de males, no le pagan regalías por usar su rostro como imagen. Pero no queda otra opción que la resignación pues se niega a contratar abogados, les tiene miedo, dice que son unas ratas.

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