jueves, 8 de abril de 2010

CONTRACARA

                                      (HUMOR)


Un equipo de médicos del noroeste de China ha efectuado con éxito el primer trasplante de rostro practicado en este país, convirtiéndose así en el segundo del mundo. Pero no se me emocionen los feos, aún falta mucho para que podamos irnos de estrene facial. Estos casos no se presentaron por simple vanidad de sus protagonistas, sino por desafortunados accidentes que los convirtieron en aspirantes idóneos para la novedosa intervención quirúrgica.

¿Recuerdan la película “Contra Cara”? En ella, los personajes interpretados por Jhon Travolta y Nicolas Cage, intercambian rostros e inmediatamente adoptan la vida del otro sin que nadie sea capaz de notar la diferencia, tan idénticos quedan uno del otro, que cierto día al final de la grabación, Nicolas Cage se fue a la casa de Travolta y viceversa. Luego de ver esta visionaria historia, pude proyectar una imagen mental de mí mismo entrando a un consultorio medico, sosteniendo una revista con Brad Pitt en su portada y dirigiéndome con tono enfático al cirujano: “Quiero quedar igualito a ese mono”, porque le cuento a quienes lo ignoren, Brad Pitt ha sido el dios de los feos desde épocas de la mitología griega. Pero mi fantasía acaba de esfumarse, he debido poner los pies sobre la tierra al conocer los dos casos existentes de rostros transplantados.

Curiosamente, ambos pacientes quedaron desfigurados tras recibir ataques de animales, un perro y uno oso respectivamente. Por la similitud en el modus operandi, se especula que el perro y el oso puedan pertenecer a una misma red de trata de caras. Cada victima fue bendecida, tanto por el talento de los cirujanos como por la bondad de los donantes; pero creer que una vez salidos del quirófano podrán darse los lujos de Travolta y Cage, es algo prematuro. Veamos por qué.

Primero que todo, los tejidos están delicados, por ende la inmediata gesticulación es algo que se verá limitado, haciendo que la expresividad facial del paciente sea comparable a la demostrada por los actores de ciertos dramatizados nacionales, es decir, ningún gesto convincente. A eso sumamos el peligro de forzar la gesticulación, pues se corre el riesgo, por ejemplo, que el accionar de la ceja derecha cause desprendimiento lateral de un pómulo. Después está un riesgo que, si bien es menor, tampoco es que sea una minucia: la posible coagulación de los vasos sanguíneos (los platos sanguíneos no corren peligro porque son vajilla corpórea de mejor calidad).

Luego tenemos la probabilidad de un rechazo a corto o largo plazo, riesgo presente en cualquier tipo de transplante, pues el organismo es susceptible de rechazar un elemento extraño. ¿En el caso del rostro qué podría producir este rechazo? Son varias las causas potenciales: que los cachetes se muestren displicentes con la nariz, que la frente le frunza el ceño al mentón, que las orejas se hagan las de los oídos sordos con los labios, que los parpados se muestren fríos y distantes con las cejas. En fin, cualquier problema propio de un vecindario nuevo.

Pero para este impasse del posible rechazo al tejido implantado, la ciencia cuenta con los inmunosupresores, medicamentos cuya función radica en disminuir las defensas del organismo para que no rechace al elemento extraño, lo cual significa que deja el cuerpo a merced de las enfermedades circundantes; en otras palabras: es como abrir las puertas de par en par para recibir al invitado sin poder cerrárselas al colado.

Como si no fuera poco este asunto del rechazo fisiológico, debemos lidiar también con un posible rechazo psíquico. El paciente recibe ayuda psicológica para poder asumir su nueva identidad, aunque personalmente opino que todo radica en la cara que me haya tocado recibir, pues si de lucir como Tom Cruise paso a ser Danny DeVito, la terapia no me vendría nada mal; pero si siendo don DeVito me gano la lotería de parecerme al siempre joven Cruise, la necesidad del psicólogo estribaría en impedir que mi ego se eleve como Tom Cruise en Top Gun.

Y para acabar de completar, no olvidemos al donante, pequeñísimo inconveniente ético, dado que el noble benefactor debe desprenderse de su amado tejido mientras su corazón siga latiendo. Condición bastante complicada. No es fácil que alguien diga: “Tranquilos, quítenme la cara que no la necesito”, literalmente tendría que ser un descarado.

Y así podríamos seguir enumerando adversidades en ésta incontable lista de inconvenientes. Citemos tan solo tres: 1) Presenta serias contraindicaciones dotar de cara a un juez sin rostro. 2) Fisiológicamente hablando, un guerrillero está impedido de adquirir un rostro como el que quisiera, con varios frentes. 3) Si a usted le hacen el transplante y siente que las orejas se le ponen rojas, es porque alguien está hablando, no de usted, pero sí de su donante.

Mejor dicho, son más los contras que los pros. Pero sí es necesario despedirme resaltando un aspecto muy positivo del transplante de rostro: Si algo sale mal durante la cirugía, usted puede estar tranquilo, con toda seguridad le responderán, porque a diferencia de otros gremios médicos, estos son de los que sí ponen la cara.

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