jueves, 8 de abril de 2010

ALÓ, ASISTENCIA SEXUAL

                                       (HUMOR)


Con el propósito de prevenir los embarazos a temprana edad y las enfermedades de transmisión sexual, el Ministerio de Protección Social puso al servicio de los jóvenes y adolescentes, líneas telefónicas para resolver sus inquietudes en materia de salud sexual y reproductiva. Desde ésta silla aplaudo la medida, pero reprocho que hayan tardado tanto en adoptarla. ¿Dónde estuvo cuando la necesité desesperadamente? ¿Quién me responderá por todos los años en que naufragué a la deriva de la ignorancia sexual?

Aclaro. No es que sea victima de la desinformación sexual, en honor a la verdad, un embarazo no deseado es algo que jamás ha hecho mella en mi tranquilidad, es decir, nunca he parafraseado a Hamlet enfrentándome al dilema: “ser, o no ser padre”. De igual manera me he visto exonerado de otras complejas dicotomías, como: “orinar, o no orinar”, porque muchas infecciones ocasionan que algo tan elemental como la ida al baño, se convierta en una tortura inquisidora.

Pero sí me habría encantado contar con un centro de atención al cuál llamar para formular mis numerosas inquietudes; porque mucho me temo, los desaciertos que no he cometido pueden no ser tanto el merito de mi educación sexual, como sí de mi escaso ejercer en la materia.

La línea está pensada para los jóvenes que se encuentran en pleno despertar sexual, pero como yo soy tan malo para madrugar, a mi despertar sexual le cogió la tarde. Por eso me he visto tentado a llamar, pero como soy tan inseguro, comienzan a llegarme las dudas, temores y complejos, y termino deteniéndome siempre en el último momento. Permítanme compartir con ustedes, que son mis confidentes, algunas de esas dudas.

Primero que todo. ¿Me contestará una mujer o un hombre? Eso me resulta dramáticamente determinante, porque si es una mujer, no importa con cuánta seriedad y profesionalismo hable, con toda seguridad mi organismo lo asumirá como si estuviera comunicándome con la línea “018000-CUQUIHOT”… 2.900$ más IVA el minuto.

De ahí en adelante, las complicaciones van in crescendo. Por ejemplo: ¿Si tocamos el tema de mi debilidad onanista, sería recomendable utilizar un teléfono manos libres?

¿Si se me cae la llamada, mi interlocutor pensará que en materia sexual todo lo demás también se me está cayendo?

¿Podría hablar con tranquilidad si al principio se escucha la voz grabada que anuncia: “para verificar una correcta atención ésta llamada puede estar siendo monitoreada”?

¿Si diagnostican que mi problema es una tendencia a asociarlo todo con sexo y de inmediato me ordenan marcar la extensión 69, me estarán mamando gallo o en efecto será ese mi problema?

¿Qué hago si expreso mi necesidad de tener sexo seguro y me recomiendan ir a una whiskeria? Porque allá sí tengo sexo… ¡seguro!

¿Qué tal que llame, exponga con detalle todos mis problemas y luego de media hora me respondan, con cierta risita burlona, que marqué a un número equivocado?

Son muchos temores para un tipo que hace tantos años dejo atrás la valentía de su adolescencia. En mi caso, lo mejor es no llamar, porque si de ésta manera el sexo me tiene turbado, llamando sólo conseguiría quedar más turbado.

2 comentarios:

  1. Me ha hecho reir muy especialmente tu afirmacion "mi debilidad onanista", porque ha resuelto el enigma de un recuerdo extraviado en mi memoria.

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  2. JEJEJEJJ BUENAAA JEJEJEJEJ

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